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La tensión entre respetar los derechos de niños y niñas y mantener el poder y abuso histórico de los adultos

Todavía sigues hablando del castigo físico contra los niños me preguntó, con cierta ironía, una historiadora y amiga con la que no me veía unos 25 años. No sabía cómo interpretar su pregunta, solo atiné a esbozar una sonrisa y decirle: si pues, es que la situación no cambia. No se lo dije, pero mientras la mitad de los niños y niñas de América Latina sigan padeciendo cotidianamente violencia, considero una obligación que sigamos en esta lucha por sus derechos.

“Sujeto golpeó brutalmente a su hijo de 3 años. Excusa: el niño se metió un objeto en la boca” fue un gran titular  de una noticia ampliamente difundida en Lima, en marzo de este año, gracias a un video grabado por un vecino y que causó la indignación de muchos, abriendo, una vez más, la discusión sobre la violencia de los adultos en los niñas y niños y los efectos en sus vidas.

Violencia cotidiana y las normas que prohíben los castigos contra los niños

En mi experiencia con adultos –sean estos padres de familia y/o funcionarios públicos-, he encontrado que no entienden, a pesar de estar tan generalizado, qué es el castigo físico y humillante y sus consecuencias, por lo que lo explicaré tal como lo define la Ley 30403 que lo prohíbe y que fuera aprobada por Perú, en el 2015:

-        Castigo físico: es el uso de la fuerza, en ejercicio de las potestades de crianza o educación, con la intención de causar algún grado de dolor o incomodidad corporal, con el fin de corregir, controlar o cambiar el comportamiento de los niños, niñas y adolescentes, siempre que no constituya un hecho punible.

-        Castigo humillante: cualquier trato ofensivo, denigrante, desvalorizador, estigmatizante o ridiculizador, en ejercicio de las potestades de crianza o educación, con el fin de corregir, controlar o cambiar el comportamiento de los niños, niñas y adolescentes, siempre que no constituya un hecho punible. 

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud y el Estudio Mundial de Violencia contra la Niñez ha definido el castigo físico y humillante como los golpes con la mano (cachetadas, cocachos, puñetes, pellizcos) y con otros objetos como correas, látigos, cables y cordones de las planchas; incluso sentarlos sobre ladrillos calientes o quemarles las manos. Los castigos humillantes son los insultos como: idiota, estúpido, vago, perra, no sirves para nada, entre otros.

El castigo físico y humillante atenta contra la dignidad de los niños como seres humanos, invade brutalmente su individualidad y el respeto que su cuerpo merece; lo empequeñece y lo desvaloriza.

El Castigo físico y humillante abre las puertas a violaciones de otros derechos, afectando su presente y su futuro

Estudios académicos realizados en América Latina, Estados Unidos y en Europa revelan que los niños que sufren castigos cotidianos tienen menos coeficiente intelectual que un niño o niña bien tratado, muestran pobres rendimientos en matemáticas y comunicación verbal; así como, serios problemas de asimilación de los alimentos que ingieren. Es decir, el castigo impacta en la realización de otros derechos: educación y salud.

Asimismo, cuando se ha estudiado los casos de niñas, niños y adolescentes que han sufrido abuso, explotación sexual y trata de personas, se ha encontrado que, en su mayoría, son niños que han sufrido castigo en su casa o en la escuela por lo que tenían una pobre comunicación con su familia, miedo a contar sus problemas; sentimientos de culpabilidad y desconfianza en sí mismos (baja autoestima); incapacidad para rebelarse ante un hecho que los incomoda; por el contrario, sometimiento total al abusadorOtros derechos vulnerados: el de la vida, la libertad y la seguridad personal.

Recuerdo una experiencia, allá por los 90s, con estudiantes universitarias de Trabajo Social, de una universidad del Ande, que se inscribieron como voluntarias para trabajar con familias afectadas por la violencia política. Como parte del programa, las jóvenes fueron, sensibilizadas en salud mental, capacitadas en derechos humanos y de la niñez.

Debo confesar que no vi venir el problema. Cada día, después de los talleres, una estudiante diferente me esperaba para contarme -según sus propias palabras-, sobre lo que, por primera vez podía hablar. En medio del llanto, relataban los abusos y golpes sufridos en sus casas y cómo éstos las habían lastimado de por vida. Dos de ellas, compartieron, además, una experiencia muy dolorosa: el abuso sexual por parte de sus padres. Por primera vez, reconocían el sentimiento de rencor (enfado profundo y persistente) que las acompañaba durante tantos años, el fastidio que sentían al visitar a sus familias y, también, comprendían por qué no podían establecer una relación afectiva saludable con sus parejas.  

¿Es este relato, de hace unos 25 años atrás, un hecho del pasado? Me gustaría decir que sí, pero no lo es: 1 de cada 2 niños y niñas menores de 15 años en América Latina y El Caribe, sufre de castigo en el hogar (UNICEF, 2018).

 Los adolescentes como agentes promotores de cambio versus los que se oponen a dejar el poder

Las aprobaciones de leyes contra el castigo físico y humillante en América Latina, especialmente en Perú y Brasil, se deben principalmente al rol central que han tenido niños, niñas y adolescentes. Acompañados de las ONG por los derechos de la niñez, los chicos y chicas lideraron campañas, se reunieron con congresistas, salieron a las calles a conseguir firmas, aparecieron en medios de comunicación explicando –con admiración de periodistas y entrevistadores-, el por qué debía aprobarse una ley que los dignificara como personas, que hiciera realidad los derechos adoptados en la Convención sobre los Derechos del Niño y que esta ley solo beneficiaba a todos: a las familias, porque se promoverían relaciones basadas en el respeto y afecto; en la sociedad, con niños sanos en el presente y futuros adultos que contribuirán al desarrollo de su comunidad y a construir sociedades más democráticas, basadas en el respeto y la igualdad. 

¿Quiénes se oponen a la aprobación de estas leyes en América Latina y El Caribe? Principalmente: congresistas conservadores, la Iglesia católica y evangélica, los grupos pro familia y, los propios padres. Los argumentos: los padres son legalmente responsables de educarlos y corregirlos “moderadamente” de ser necesario; si les damos tanta libertad a los niños y niñas van a hacer los que les dé la gana; vamos a tener más delincuentes y promoveremos el libertinaje y falta de respeto a los padres y adultos. En Perú, la oposición política a la ley estuvo, principalmente, de parte de los congresistas de Fuerza Popular.

Cada día aparecen más denuncias contra el castigo físico y humillante hacia los niños y niñas, estas se deben, por un lado, a una mayor conciencia de que el castigo es una violación a sus derechos y, por otro lado, a la resistencia de los adultos –incluidos docentes y funcionarios públicos-, a dejar el abuso y poder que detentan sobre los niños.

*Teresa Carpio V., es consultora especialista en los derechos de la niñez desde hace más de 30 años, escribiendo artículos en revistas, periódicos y otros medios de comunicación y ha trabajado en organizaciones internacionales de derechos humanos y derechos de la niñez para el Perú y América Latina. Directora de Save the Children en Perú del 2005 a agosto 2011. Asesora Regional para América Latina y El Caribe de Save the Children Suecia de Setiembre 2011 a abril 2017.

Teresa Carpio V.
Es consultora especialista en los derechos de la niñez desde hace más de 30 años, escribiendo artículos en revistas, periódicos y otros medios de comunicación y ha trabajado en organizaciones internacionales de derechos humanos y derechos de la niñez para el Perú y América Latina.