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“Aquel que quiere ser amado, debe querer la libertad del otro, porque de ella emerge el amor; si lo someto, se vuelve objeto, y de un objeto no puedo recibir amor”. Jean Paul Sartre

El presente artículo intenta aportar algunos elementos al análisis de la violencia de género y de los feminicidios, a partir del quehacer del trabajo social y desde el marco conceptual que aporta el psicoanálisis vincular.

Desde de los dolorosos seis casos de feminicidios ocurridos durante los primeros 13 días del presente año, algunas expertas en el tema mencionaban “el machismo” como la principal explicación a la violencia de género. La propia ministra del sector señalaba que “el machismo y la construcción de la masculinidad en nuestra sociedad” son algunas de las causas de este problema.

En relación al concepto de “el machismo”; pensamos que éste es un término tan utilizado y que no sabemos cuánto termina aportando a un mejor entendimiento del odio extremo hacia las mujeres, solo por el hecho de serlo. Pensamos que cuando un término es utilizado frecuentemente y sin mayor profundización, puede perder su valor. Así como en el psicoanálisis existe la necesidad de poner en palabras lo que uno siente, valdría la pena, la pregunta o repregunta para saber que estamos diciendo cuando nombramos al machismo; y es importante pues el machismo es visto como un elemento central de la explicación a los feminicidios. ¿Por qué el Perú tiene cifras tan altas en relación no solo al feminicidio sino a la violencia de género? ¿Qué ocurre en el país para que las cifras en relación al abuso sexual, violencia familiar; nos pongan en los primeros lugares en función a otros países latinoamericanos con quienes lastimosamente compartimos una cultura machista y patriarcal?

En principio, advertimos el impacto de la historia de violencia política y social que nos ha marcado como sociedad, y que en el tema de violencia, pareciera haber acentuado esta forma de relación tan primaria e incluso, haber ampliado nuestro nivel de tolerancia ante el horror de la violencia en sus diferentes manifestaciones. Según el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación en el Perú (2003) más de 69,000 son los peruanos y peruanas fallecidas o desaparecidas durante el período que duró la lucha por el poder entre Sendero Luminoso, el MRTA y el Ejército, principalmente. Pero más que una cifra, que refuerza este concepto de objeto y despojo en el cual, la violencia transformó al ser humano; nos muestra las muertes, desapariciones, ajusticiamientos públicos, así como las violaciones a mujeres, niñas; y con ello, los efectos devastadores que la guerra interna ocasionó sobre un gran sector de la población, principalmente rural, quechua-hablante y pobre; y que logró un mayor fraccionamiento de nuestra sociedad.

Esa violencia política, sigue mostrando sus efectos hasta estos días; lo decimos pues por un lado existe un sector de nuestra sociedad, que tiene a la violencia, como componente central de sus relaciones; tal como lo recuerda Flores Galindo (1987), sustentando además, que históricamente, en nuestro país las relaciones de subordinación y violencia eran un componente estructural de la dominación colonial, tan cotidiano en las plazas públicas, como dentro del ámbito familiar. También observamos que un elemento del efecto de esta violencia política es la tolerancia y la naturalización ante situaciones de violencia. Nuestra historia nos ha hecho normalizarla, desde ese aprendizaje cotidiano, que nos lleva a convivir con ella de manera tan natural.

Nos parece importante tomar en cuenta, dentro de los discursos explicativos en torno al feminicidio, el concepto de “construcción de la masculinidad” para pensar la forma como nuestros varones se construyen, también habría que pensar en la forma en cómo nosotras, las mujeres, construimos nuestra feminidad; es decir, si hay hombres que requieren dominar, controlar, someter y ejercer violencia sobre nosotras, también habría mujeres que encontramos en el sometimiento, el control, los celos extremos, la dominación y violencia física; la manera de sentirnos “queridas”, o en todo caso algo ocurre que hace que percibamos estos hechos violentos como muestras de amor.

Cómo bien se advierte, la violencia de género plenamente sujetada a las estructuras sociales, culturales y económicas, nos traen una violencia mayor. Los acontecimientos que se han dado en paralelo a estas cifras de feminicidios de inicios del 2019, coinciden con la rotura de desagüe en SJL, que han llevado hasta la muerte de una pobladora, o las declaraciones de una congresista en relación a que el enfoque de género, produciría cáncer, SIDA y hasta suicidio; son solo algunas muestras de este sistema estructural aniquila y despoja, descarna y deshumaniza, pues lo humano, se puede perder y quedar totalmente destituido ante la crueldad.

También queremos pensar este doloroso tema desde el psicoanálisis vincular, que considera que el aparato psíquico de cada persona, se construye como producto de un triple registro y se organiza en tres planos: La persona y la relación que establece con su propio cuerpo y su mundo interno, la persona con uno o varios otros, y por último, la persona con el contexto circundante (Puget y Berenstein, 1997, Spivacow, 2005) Y cuando señalamos el contexto, nos referimos a todo el entorno social, político, los modelos económicos, lo cultural; que hacen impacto directo en el psiquismo de las personas, al punto que, haciendo suyas las pautas de comportamiento social, otorgan y refuerzan las formas de ser varón o mujer “válidas y correctas”, naturalizando por el amor romántico, y el patriarcado.

Desde nuestra experiencia clínica, con pacientes mujeres de Lima Metropolitana, advertimos cotidianamente una contradicción: “No quiero ser maltratada pero es el padre de mi hijo”, “Ya no es nada mío, pero me busca para insultarme”, “no puedo ser madre y mujer a la misma vez”, “me cela tanto que pienso que me ama.” Estas frases son recurrentes cuando se hace la reconstrucción de situaciones de violencia de género y de feminicidios; Fernández (2009) nos diría que no tiene que ver con dinámicas de masoquismos, más bien con dinámicas de terror, pues en la pareja, previamente se han establecido relaciones de poder y de control en vez de relaciones de presencia entre un varón y una mujer.

Esta mirada nos ofrece algunas luces sobre lo que sucede en la mente de la mujer, es decir esta distorsión entre el ejercicio abusivo de poder y control y el supuesto amor que se desea. Distorsión que tiene sustento en una serie de mensajes culturales que desde niñas nos llegan, a través de una serie de canales que van desde la TV y radio hasta el discurso de algunos funcionarios y figuras políticas; de aquello que la mujer debe esperar en nombre del amor”. Y repetimos, no tiene que ver con pulsiones masoquistas, tiene que ver, con que a la par que avanzamos en igualdades formales, se van afianzando “dispositivos de desigualación”, que muy subrepticiamente sigue filtrando los sistemas patriarcales, en donde obviamente, la mujer inscribió la idea de la sujeción al poder del varón y por lo tanto quedó inerme, frágil y vulnerable (Fernández, 2009)

Es en ese escenario, que el vínculo que debiera haber entre mujer y varón, queda destituido y deviene en crueldad violenta que nos lleva al matadero, y las advertimos en cifras horrendas. Estamos atravesados por un sistema que sustenta lógicas desiguales y ya previamente nos han inferiorizado y discriminado; o como diría Puget (2002) se encuentra un varón y una mujer fuera de la posibilidad de vincularse como sujetos, expuesto totalmente a un contexto situacional de crueldad.

Que importante entender el marco de entendimiento que manejamos, cuando abordamos la violencia de género; saber cuánto conocemos de los nuevos modos de ser y vivir que generan las condiciones contemporáneas, o cuanto interés tenemos de escuchar y pensar, entre varias disciplinas, estas situaciones sociales que parecen salirse de control. Si tenemos estadísticas que aumentan, tendremos que pensar el problema, de otra manera, desde varios y diferentes ángulos, permitiendo poner el problema en agenda, seguir pensándolo para que el diseño de políticas públicas pueda dar una mejor respuesta a él. Queremos señalar entonces que se requiere un mayor nivel de reflexión en torno al feminicidio y a las diferentes formas de violencia, de manera que las políticas de estado que se diseñen tomen en cuenta los diferentes aspectos que se dan en relación a la violencia de género.

Lic. María Begoña Subiría Franco
Licenciada en Trabajo Social Sociología por la Pontificia Universidad Católica. Lima Perú. Diplomada en Estudios de Género y Políticas de Desarrollo, Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica. Lima Perú. Psicoterapeuta Psicoanalítica por la Escuela para graduados del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica De Lima Pontificia Universidad Católica, Lima Perú. Psicoterapeuta Psicoanalítica de pareja y familia por la Sociedad Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Pareja y Familia. Experiencia en la gestión de proyectos de desarrollo, tanto en la zona rural como urbana del país. Consultora en programas de Educación de Adultos; diseño, ejecución, evaluación, así como en el diseño de materiales educativos. Trabajo clínico privado como psicoterapeuta psicoanalítica individual, parejas y familia. Diseño y ejecución de una propuesta clínica psicoanalítica vincular comunitaria, en Pamplona-SJM.

Mg. Ana María Osorio Torres Bachiller en Trabajo Social Sociología por la Pontificia Universidad Católica. Lima Perú. Magister en Psicología con mención en Prevención e Intervención en Niños y Adolescentes, por la Universidad Femenina Del Sagrado Corazón Psicoterapeuta Psicoanalítica por la Escuela para graduados del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica De Lima (CPPL) Psicoterapeuta Psicoanalítica de pareja y familia por la Sociedad Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Pareja y Familia – SPF. Experiencia profesional en el trabajo con mujeres campesinas en Cajamarca y en el área de derechos y desarrollo comunitario. Diseño e implementación de Talleres psico-educativos a tutores y profesores de Educación básica regular Universidad Peruana Cayetano Heredia. Facultad de Educación. Elaboración de proyectos (consultorías privadas) en la ejecución de propuestas de desarrollo psicosociales con niños y mujeres con CEDAP. Trabajo clínico privado como psicoterapeuta psicoanalítica individual, parejas y familia. Diseño y ejecución de una propuesta clínica psicoanalítica vincular comunitaria, en Pamplona-SJM. Lima.

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