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Cada segundo domingo de abril se celebra en Perú el “Día del Niño Peruano”, aprobado por Ley Nº 27666, dada por el Congreso de la República el año 2002.

Además de esta fecha, hay otras tres celebraciones en relación a los niños, niñas y adolescentes, también aprobadas por distintas leyes: El Día del Niño que se celebra en el mes de agosto; “La Semana de los Derechos del Niño” en setiembre; y el Día Universal del Niño que se celebra todos los 20 de noviembre en conmemoración a que ese día en 1989 la Organización de las Naciones Unidas adoptó la Convención sobre los Derechos del Niño.

A pesar de todas estas fechas conmemorativas, la situación de los derechos de los niños en el Perú está muy lejos de ser celebrada. Es por ese motivo que algunos medios de comunicación se interesan por entrevistar a funcionarios públicos responsables de Sectores clave en materia de niñez y a especialistas en monitorear las políticas públicas.

Dejavu y las altas cifras de violencia contra la niñez

Este domingo 14 de abril no fue muy diferente; una radio con cobertura nacional nos invitó a la Adjunta de la Niñez de la Defensoría del Pueblo, Maltilde Cobeñas, y a mí para hablar al respecto.

Mientras escuchaba a Matilde hablar sobre los Reportes Defensoriales, en relación a la situación de la trata, explotación y abuso sexual contra niños y niñas y me vi a mi misma enumerando las terribles estadísticas:

73% de niños y niñas de 9 a 11 años habían sufrido violencia física y/o psicológica[1];

34.6% de adolescentes de 12 a 17 años alguna vez en su vida fueron víctimas de violencia sexual,

51% de niñas y niños han sufrido violencia por parte de sus profesores,

75% de las mujeres víctimas de violencia sexual son menores de 17 años, y

71% de niñas y niños han sufrido violencia física y psicológica por parte de sus propios pares,

Sentí que todo eso ya lo había vivido, que ya habíamos hablado sobre ese doloroso tema casi exactamente igual. Cierto, no lo había imaginado, no lo había soñado. Lo que sucede es que cuando no hacemos cambios radicales en materia de derechos, el pasado se repite; “el pasado no pasa” como dice el jurista y especialista en derechos humanos, Emilio García Méndez.

En un informe de esa misma emisora, del año 2014, un año antes de que se aprobara la Ley contra el Castigo Físico y Humillante, tanto Matilde como yo habíamos sido entrevistadas https://www.youtube.com/watch?v=bcGo36puofo, y, además de mostrar nuestra preocupación por los golpes y castigos que sufren los niños día a día, planteábamos la necesidad de aprobar una ley que prohibiera definitivamente el castigo físico y psicológico cometido por los padres, madres y adultos responsables de los niños al interior de las familias. La ley se aprobó en diciembre 2015, su reglamento recién se publicó en el 2018 https://busquedas.elperuano.pe/normaslegales/aprueban-reglamento-de-la-ley-n-30403-ley-que-prohibe-el-u-decreto-supremo-n-003-2018-mimp-1657575-1/, lamentablemente, la implementación de la ley, sobre todo en la prevención, todavía es una aspiración.

¿Nuestros niños y niñas son los futuros padres agresores del mañana?

Una lectura de las respuestas dadas por los propios niños en la ENARES 2015 muestra que en los hogares y escuelas se están formando futuros adultos y padres de familia agresores de niños y niñas.

Sí, los hogares peruanos están formando futuros agresores. Si leemos adecuadamente el dato que el 71% de niñas y niños ha sufrido violencia por sus propios pares, podemos afirmar que estos chicos aplican lo que aprenden diariamente; creen que la violencia es una forma de resolver los problemas y hay que castigar al más débil, hay que humillarlo y golpearlo para que haga lo que los más fuertes quieren.

Sí, afirmamos, estamos formando futuros agresores: 44% de los niños y adolescentes creen que los padres tienen derecho a golpearlos si se portan mal. 33% indicaron que a los niños que no se les pega se vuelven maliciosos y ociosos.

Necesitamos, sin embargo, encuestas con enfoque de género que nos brinden información de la forma diferenciada en que se violentan a las niñas entre sus pares: perseguir a la niña en el patio del recreo, fuera de la escuela, camino a tomar el bus o a su casa para “meterle la mano”, por ejemplo, no es todavía tomada en cuenta en estas encuestas; Podríamos seguir con otros ejemplos: la amenaza de entrar al baño de las niñas cuando ellas están adentro, las burlas por su cuerpo, por sus formas biológicas propias de las adolescentes mujeres; el comportamiento en fiestas y en las relaciones de parejas.

La escuela, la sociedad en su conjunto, está haciendo muy poco por prevenir y cambiar esta situación; acabar con la violencia a los niños y entender que es necesario un enfoque de género en su educación es imprescindible para acabar con los agresores de mujeres adultas, mañana.

Derechos versus deberes

Volviendo a la entrevista de este año 2019, los entrevistadores mostraron genuinamente su preocupación sobre la violencia que sufren los niños, sin embargo, todavía hay mucho por hacer para entender la magnitud del problema y la necesidad de enfatizar que el más leve castigo contra niños y niños no es adecuado para una crianza basada en derechos y libertades.

Una oyente, politóloga, joven madre de familia y ex niña líder adolescente organizada reaccionó así en redes sociales cuando escucho a uno de los entrevistadores:

“Hoy en RPP en marco del Día del Niño Peruano invitaron a Matilde (Defensoría del Pueblo) y a la gran Teresa Carpio Villegas para hablar sobre la situación de la niñez en el Perú. Ambas invitadas visibilizaban la ola de violencias que sufren las y los niños, en la mayoría de los casos por parte de sus padres y familiares. Que cuando las y las niños se acercan a la comisaría no les quieren tomar la denuncia. Y en eso el conductor dice, pero estamos en el tiempo que muchos derechos les dan a los niños, es importante que también hablen de sus deberes. No hemos aprendido nada. Nada”.

Muy cierto lo comentado por la oyente, no aprendemos, todavía, que los niños, niñas y adolescentes son personas con derechos a los cuales no se les debe violentar física ni verbalmente y a quienes se les niega el ejercicio de los mismos permanentemente.

Estoy convencida que una revolución de chicos, un movimiento muy grande de niños, niñas y adolescentes vendrá después de esta gran ola formada por movimientos de mujeres a nivel mundial, como “Ni Una Menos”; “Me too”, “Times up”, que se han levantado para decir basta a la violencia contra las mujeres y porque su voz sea escuchada. Los chicos y chicas no pueden seguir sufriendo por nuestra incapacidad de reconocer sus derechos, escuchémoslos, dialoguemos con ellos y démosle voz, la necesitan.

La violencia contra la niñez, vulnera otros derechos

Los niños y niñas son personas integrales y así deberíamos verlas al momento de implementar las políticas públicas.

Si a un niño se le abandona, no se le da afecto, se le trata mal, se le golpea, se le humilla tendrá serios problemas alimenticios y de salud física y mental. Este es un dato fáctico, objetivo.

Se ha demostrado en diversas investigaciones científicas y, afirmado por la Organización Mundial de la Salud –OMS-, que un niño y niña violentados tendrán deficiencias en su coeficiente intelectual, en su desarrollo físico y problemas en su desarrollo integral. Causarán gastos en el sistema de salud pública que tendrá que atenderlos, en el sistema educativo por las repitencias y deserciones continuas y, a futuro, no será una persona que contribuya al desarrollo económico y social de su familia, comunidad y país.

Las políticas y servicios de atención pública deberían tener un enfoque integral, incluido el de género, para atender a niños y adolescentes; no podremos resolver, por ejemplo, el problema de la anemia: si sólo nos enfocamos en darle a los niños las “chispitas-suplementos multimicronientes”, sino resolvemos la falta de acceso a agua y desagüe, sino enfrentamos la reeducación de padres y adultos para que adquieran buenos hábitos alimenticios y si no se promueve y asegura que existan los alimentos adecuados en cada comunidad y que los padres, adultos y la familia en general tengan prácticas higiénicas para preparar los alimentos y que les brinden cariño y afecto a los niños para que tengan ganas de comer y asimilen los alimentos. De lo contrario, no acabaremos con la anemia. Igual, una estrategia integral es necesaria para enfrentar el caso de la violencia contra los niños; el tratamiento es total.

¿El día del niño debería ser todos los días?

Si el Perú ya cuenta con tres días y una semana al año para celebrar todos los derechos de la niñez, más un día internacional –25 de abril-, de lucha contra el maltrato infantil, ¿será posible que ya contemos con los días suficientes para reflexionar, actuar y avanzar en la realización de los derechos de los niños?

Si no queremos seguir en un viaje permanente al pasado, tenemos que cambiar cada uno de nosotros, empezando por los primeros responsables del cuidado integral de los niños: sus propios padres y, como dice la Convención sobre los Derechos del Niño y el Código del Niño y el Adolescente, para tal tarea deberán contar con el apoyo del Estado, a través de políticas públicas, programas y servicios. El estado también es responsable de capacitar a docentes, cuidadores y operadores de justicia para que los niños, niñas y adolescentes gocen de sus derechos y puedan celebrar verdaderamente sus días conmemorativos.

[1] ENARES 2015 Encuesta Nacional sobre Relaciones Sociales, encuesta aplicada a los propios niños, niñas y adolescentes

Teresa Carpio V.
Es consultora especialista en los derechos de la niñez desde hace más de 30 años, escribiendo artículos en revistas, periódicos y otros medios de comunicación y ha trabajado en organizaciones internacionales de derechos humanos y derechos de la niñez para el Perú y América Latina.