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Fractura de pactos entre hombres donde la mujer es objeto

Ponencia de Carlos A. Bedoya para los diálogos de políticas organizados por el Centro Latinoamericano de Trabajo Social (CELATS). 28 de junio de 2019: Participación política de la mujer: paridad y alternancia.

Me alegra mucho ser en este caso yo la cuota de género.

Es que esta nueva ola –o tsunami feminista- que vivimos en la política y en la sociedad, sobre todo desde la gran movilización del #NiUnaMenos está trayendo transformaciones. Como dice la antropóloga argentina Rita Segato, el feminismo ha emergido como uno de los ejes más movilizadores del pensamiento crítico en Nuestra América. Además, en un contexto propicio (la conspiración fundamentalista evangélica mundial) para promover las políticas de género por igualdad y democratización.

Trataré de acercarme a la perspectiva de la emergencia feminista, a pesar de mi socialización como sujeto masculino. Utilizaré recursos de la historia y la antropología de género a fin de entender la propuesta de la paridad y la alternancia como un mecanismo de liberación del sujeto femenino en la política, y por tanto, de fisura en la estructura de la masculinidad rapiñadora en ese terreno, que genera relaciones en las que mujeres también son oprimidas. Es la misma masculinidad que está a la base de la corrupción y la mafialidad.

Advierto que apenas esbozaré algunos elementos de esta mirada histórica y antropológica, tanto por espacio como por la necesidad de una mayor reflexión de mi parte. Pido disculpas si mi intervención tiene alguna ligereza que seguramente puede ser aclarada o mejor explicada por las mujeres políticas que están conmigo en esta mesa.

Empezare diciendo que este tema no se trata solo de aumentar el número de parlamentarias y llegar al 50-50 o más, aunque este sea el efecto más visible y por cierto más justo de la paridad y la alternancia mujer-hombre u hombre-mujer en la conformación de las listas para el Congreso.

La cantidad importa a la hora de medir la participación política de la mujer, sin embargo hay un aspecto oculto en este tipo de reformas – quiero resaltar uno en particular - que enciende las más feroces oposiciones de los sujetos masculinos o masculinizados (que van más allá del sexo biológico, de tener pene o no, sino de la transformación que las sociedades han hecho de ese sexo biológico, en productos de la actividad humana con determinadas necesidades, el viejo sistema sexo-género del que nos habló Gayle Rubin (1986). Hay varias mujeres, como la congresista Rosa Bartra por ejemplo, que se oponen a la paridad y la alternancia.

Volviendo a las oposiciones de los sujetos masculinos (en adelante hombres para abreviar) o masculinizados en torno a la paridad, son falacias que camuflan lo que se juega de fondo.

Argumentos del tipo:

  • Los méritos son más importantes.
  • ¿De dónde sacamos mujeres que quieran participar?
  • La paridad debe ser por etnicidad y no por género
  • Y un largo etc.

Oculta la principal razón del repudio:

La paridad y la alternancia son elementos que golpean los pactos políticos entre hombres donde las mujeres ocupan el lugar de objeto del intercambio entre ellos. Si bien en estos pactos masculinos políticos, la mujer-objeto pasa al espacio público, sigue subordinada. La paridad y la alternancia no cuestionarán la lógica en que se ejerce el poder, pero sin duda facilitan que las mujeres-sujeto (y no mujeres-objeto lleguen a la política), es decir que lleguen al espacio público pero no de manera subordinada a hombres.

Lamentablemente, la manera en que muchas mujeres han podido acceder a la política es a través de estos pactos entre hombres. Sin perjuicio de la agencia y lucha de las mujeres por entrar en la política como sujetos (como las mujeres que están aquí en la mesa), voy a dar ejemplos de lo que estoy señalando.

Cito algunos extractos del texto del artículo “Un bosquejo de feminismos peruanos: los múltiples desafíos” de Fanni Muñoz y Violeta Barrientos (2019), que aparece en el libro “Género y Mujeres en la historia del Perú, del hogar al espacio público”:

“(…) En las elecciones presidenciales Odría pensaba que le voto de la mujer sería conservador, por lo que encontraría un potencial aliado (…) El voto de la mujer en las elecciones presidenciales fue, así, el resultado de una maniobra política del dictador de turno, pese a haber sido una larga lucha de mujeres y asociaciones feministas que realizaron diversas acciones por conquistar sus derechos”. (Muñoz, 2019, p. 466)

El voto universal a la mujer se da durante la dictadura militar de Manuel A. Odría (1948-1956), y no en un contexto democrático donde se planteó por primera vez: la Asamblea Constituyente de 1931 donde la propuesta de voto universal de la mujer se redujo a la de voto municipal cualificado a la condición de esposa o madre de familia. En ambos casos la discusión fue orientada por pactos masculinos.

Un extracto de la entrevista que hizo la feminista Martha Rico en 2008 a María Colina de Gotuzzo, una de las primeras ocho parlamentarias peruanas electas en 1956, deja ver dichos pactos entre hombres para que una mujer acceda a la política:

“-¿Cómo se inició su vínculo con la política?

(…) Mi hermano Ulises era el que cargaba a Víctor Raúl, era soldado raso y hubo un levantamiento en el norte, resultó preso y estuvo en El Frontón por diez años, se escapó a nado. Mi contacto directo con la política se inició con Manuel Seoane Corrales, quien fue el segundo de Haya de la Torre, un hombre muy inteligente, con él trabajé tres años. Participé en una convocatoria para trabajar en el Diario La Tribuna como secretaria, que él dirigía, y fui seleccionada para el puesto por mi buena puntuación. Manuel Seoane me dictaba los editoriales. Tenía 18 años cuando empecé a trabajar en el diario y al poco tiempo me dijo que fuera a trabajar con él en el Congreso (…)

-¿Cómo fue el proceso de ser candidata al Parlamento?

-En el 56 fueron las elecciones y Víctor Raúl tuvo la gentileza de ponerme en la lista porque soy del departamento de La Libertad (...)”. (Rico, 2008, pp. 15-17)

No quiero decir que esta lógica se dé en todos los casos. Hay muchas mujeres que han accedido al poder político directamente en calidad de sujetos. Desde María Jesús Alvarado que en 1945 fue regidora de Lima, hasta la congresista Indira Huilca -aquí presente- en la actualidad, por citar dos ejemplos. Como ellas, otras mujeres también se han forjado un lugar en el espacio público a pulso y sin necesidad de participar como mujeres-objeto en el intercambio de favores (dones) entre un grupo de hombres.

Sin embargo, otras mujeres interesadas en política tuvieron que interactuar con estos pactos entre hombres. Es el propio caso de mi abuela paterna, Dora Madueño, que en 1945, a los veintinueve años de edad y madre de cinco hijos en ese momento, fue designada alcaldesa de Huancané por una asamblea de hombres, en el marco del establecimiento de las Juntas Municipales Transitorias que convocó el gobierno de José Bustamante y Rivero (1945-1948).

Investigo este caso que da cuenta de los pactos entre hombres para que las mujeres lleguen a la política, para la maestría de Género y Desarrollo de Universidad Nacional Mayor de San Marcos, enfrentando las dificultades que ello implica. Cuando Michelle Perrot (2008) nos dice: “en el teatro de la memoria, las mujeres son solo sombras” (p. 26), pone luz en la selección sexual de las huellas históricas. Una selección androcéntrica.

En el discurso de asunción de la alcaldía, Dora Madueño señaló en 1945 sobre el caso de la participación política de las mujeres:

“(…) agradezco, a todos los señores concejales, desde lo más íntimo de mi corazón, por la designación con la que acaba de honrarme, en forma tan inmerecida para mí. Sé que sólo el impulso de las nuevas ideas es el que os ha guiado en tal designación porque fuera de mi fe en los ideales democráticos i de mi entusiasmo juvenil creía no tener méritos para presidir esta Junta Municipal. Bien sabéis vosotros que la mujer tiene ya una función social que cumplir. No podía estar eternamente asida al brazo protector del varón, en actitud de perenne renunciamiento. Debía incorporarse al carro de la nación, como unidad activa (…)”.

Todos los concejales eran hombres, y su esposo era un hombre con poder que había llegado a Huancané como el ingeniero responsable por el Ministerio de Fomento para construir la carretera Juliaca-Frontera con Bolivia. Sostengo que allí se produjo un sistema complejo de dones (favores) de dos niveles. El primero, entre la dirigencia del APRA y los hombres de Huancané (que habían ayudado en el periodo de la gran clandestinidad); y el segundo luego, entre éstos y el esposo de Dora Madueño (derivado de las relaciones económicas en un Estado patrimonialista). Este sistema de favores llevó a Dora Madueño a la alcaldía, sin menoscabo de toda su agencia personal.

Trayendo este esquema de pactos masculinos a la historia reciente, vemos casos como el de Luz Salgado o Keiko Fujimori, quienes llegaron a la política por ser secretaria (confianza) e hija (parentesco) de Alberto Fujimori respectivamente.

Otra cosa es que con los años, ambas (Keiko y Salgado) hayan pasado ser mujeres-objeto político a ser mujeres-sujeto político, pero masculinizado, a fin de mantenerse vinculadas al poder. Y cuando digo sujeto masculinizado me refiero, siguiendo a la antropóloga Angélica Motta, a esas “estructuras de desigualdad (basadas en) (i) un ethos expropiador que genera prácticas depredadoras de transgresión y rapiña, como consecuencia y para sostener (ii) una posición de poder de algún tipo y que además cuenta con (iii) estructuras de pactos y lealtades protectoras (tácitas o explícitas) que permiten perpetuar los privilegios y ganancias generadas.”

Con la paridad y la alternancia estos pactos entre hombres se debilitan. Las mujeres ganan una vía de acceso a la política en calidad de mujer-sujeto dejando de ser mujer-objeto, sin necesidad de masculinizarse en los términos arriba descritos. Incluso aquellas mujeres con menor capacidad de agencia (o menos empoderadas), pero con voluntad de participación política tienen oportunidades.

Los sujetos masculinos (hombres) o masculinizados no solo pierden sitios físicos en la representación nacional, como se desprende de las cifras de países donde ya se aplica como Bolivia y Costa Rica (*), sino que el sistema hegemónico de intercambios para crear relaciones sociales en el marco del patriarcado es golpeado.

Me refiero (y aquí la parte antropológica) al viejo sistema de dones (dar, recibir y devolver) que describió Marcel Mauss en su Ensayo sobre el Don (2009) como forma de intercambios y contratos de las sociedades arcaicas para establecer jerarquías y créditos, y que - salvando las distancias - sigue vigente en las sociedades actuales, por más mercado que haya, donde hasta las relaciones de parentesco se basan en intercambios de este tipo (Levi-Strauss, 1949), entre sujetos que no puede prescindir de la diferencia sexual ni de la distinción de género (Gayle Rubin, 1975). Los hombres son los que han organizado tradicionalmente el parentesco mediante el matrimonio, forma básica de intercambio de regalos (dones) entre ellos, donde las mujeres son el regalo central.

Por ejemplo, la “pedida de mano” (y acá nos metemos al ámbito “privado”) que aún persiste en muchos casos como ritual previo al matrimonio heterosexual, consiste en que los futuros yerno y suegro pactan, se hacen parientes, se vinculan y hacen alianzas a partir del cuerpo de una mujer.

Si eso subsiste hasta hoy en el espacio privado, en el público la cosa no es muy distinta. La diferencia es que en el caso del matrimonio heterosexual, el objeto del pacto (la mujer) pasa al espacio doméstico, en cambio en los pactos políticos, el objeto del pacto (la mujer) pasa al espacio público.

Como ha señalado Carole Pateman (1988) y Celia Amoros (2008), las mujeres no son firmantes del contrato social. Solo nosotros fuimos los suscriptores del contrato moderno. Para pasar del antiguo régimen a la modernidad, la fratria de hombres también firmó un pacto sexual basado en “tú no te metes con mi mujer, ni yo con la tuya”, y sobre esa base fundaron los estados nacionales de dominación masculina y mujeres oprimidas. La madre “sagrada” y base de la reproducción de la nación, versus las mujeres que no son de “nadie”: la puta, la loca, la bruja, a las que se les puede hacer lo que sea. Sin embargo, en todos los casos, la violencia de género.

Por eso, cosas como el Estado de derecho o el debido proceso judicial, creadas en el marco moderno, resultan ineficaces para revertir la violencia cruenta contra las mujeres que vemos todos los días, pero este es otro tema.

Finalmente, no es poca cosa lo que está en juego con la paridad y la alternancia. No cambian la lógica del poder, pero desestabilizan las viejas estructuras del poder masculino en la política.

Notas finales y referencias bibliográficas:

(*) Ver el informe de prensa “Paridad y alternancia: La esencia de la igualdad de oportunidades” publicado por el diario Perú21 el 16 de junio de 2019. Disponible en: https://peru21.pe/politica/paridad-alternancia-esencia-igualdad-oportunidades-analisis-484747

Amoros, C. (2008). “Violencia patriarcal en la era de la globalización: de Sade a las maquilas”. En: Mujeres e Imaginarios en la Globalización. Reflexiones para una agenda teórico global del feminismo (pp. 213-305). Rosario: Homo Sapiens Ediciones.

Lévi-Strauss, C. (1969). Las estructuras elementales del parentesco. Barcelona: PAIDOS.

Mauss, M. (2009). Ensayo sobre el don, forma y función del intercambio en las sociedades arcaicas. Buenos Aires: KATZ EDITORES

Muñoz, Fanni y Violeta, Barrientos (2019). “Un bosquejo de feminismo(s) peruano(s): los múltiples desafíos”. En: Género y Mujeres en la Historia del Perú, del hogar al espacio público. Lima: PUCP

Pateman, C. (1995). El Contrato Sexual. México. UAM

Perrot, M. (2008). Mi Historia de las Mujeres. Buenos Aires: FCE

Rico, M. (2008). “Una Mirada al pasado y al presente del Congreso”. Entrevista a María Colina de Gotuzzo. En Chacarera N°37, revista feminista de género y mujer rural (pp. 15-18) Red Nacional Mujer Rural. Lima: Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán.

Rubin, G. (1986). “El tráfico de mujeres. Notas sobre la economía política del sexo”. En Nueva Antropología. Año 8, N° 30. Noviembre de 1986. Distrito Federal México: UNAM.

Lic. Carlos A Bedoya
Abogado con estudios de maestría en género y desarrollo. Actualmente coordinador de Latindadd: Red latinoamericana por justicia económica y social http://www.latindadd.org