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Bachiller en Trabajo Social, candidata a Mg. En Desarrollo Humano: Enfoques y Política en la PUCP, con estudios en Derechos de Pueblos Indígenas y el Sistema de las Naciones Unidas por la Universidad de Deusto de Bilbao y en ACNUDH en Ginebra.

Resumen

Esta vez Nueva Acción Crítica dedica la sección Perfiles Creativos a presentar el testimonio de la Trabajadora Social Tania Pariona Tarqui, en su perfil de Mujer Andina, Política y Feminista. Tania Pariona puede dar lecciones de ciudadanía, de madurez y ética política. Mirar la trayectoria de su vida, es mirar al Perú y en particular al pueblo de Ayacucho en su proceso de resistencia cultural, de reconstrucción de la vida post conflicto armado, y de empoderamiento de la mujer andina. Nació en el distrito Cayara en la provincia de Víctor Fajardo en la región Ayacucho, una zona de fuego cruzado en la época de la guerra antisubversiva, donde fueron asesinadas 39 personas en manos del ejército peruano y donde antes Sendero Luminoso había matado a cuatro soldados. Tania tenía sólo 4 años y debió enfrentar con su familia una lucha no sólo para sobrevivir, sino para reconstruir la vida proyectando un futuro posible de bienestar y de paz para las comunidades campesinas y altoandinas. Su vida está marcada por un compromiso de lucha, demandando al Estado justicia y verdad, la defensa de los derechos de los pueblos originarios frente a la voracidad del capitalismo extractivista, la defensa de los derechos de las mujeres, de las niñas y adolescentes. Este compromiso social, la volcó a una actividad militante incursionando en la política, logrando ser congresista elegida por el Frente Amplio (2016-2017) y luego conformó la bancada del Movimiento Político Nuevo Perú (2017-2019) en el Congreso de la República del Perú, con un alto nivel de reconocimiento de la ciudadanía.

Construcción de ciudadanía. Cayara, Ñuqanchik y el trabajo social

En 1984, año de mucho llanto y dolor en Ayacucho. Mis padres se vieron obligados a desplazarse del distrito de Cayara, (Victor Fajardo), donde yo nací, a la ciudad de Huamanga. Huyeron de la violencia, al igual que cientos de familias que habitaban en las zonas rurales.

A los diez años, llegué a los “talleres de afirmación cultural – Ñuqanchik” dirigido a hijos e hijas de familias desplazadas por la violencia, cuya finalidad era la atención socioemocional a través del arte, actividades desarrolladas por el Centro de Cultura Indígenas del Perú (Chirapaq), donde aprendí a elaborar retablos ayacuchanos, a valorar el idioma quechua y los saberes de nuestros pueblos. Vale decir, conocimientos que eran ajenos a la escuela.

A partir de mi participación en el Movimiento Nacional de Niños y Adolescentes Trabajadores Organizados del Perú me convertí en delegada nacional y latinoamericana (MNNATSOP). En mi familia todos hemos tenido una experiencia laboral desde muy pequeños, yo desde los 11 años salí a las calles a vender helados de hielo, frutas, agua de linaza; así mismo ayudaba en el cuidado de niños en el puericultorio, donde estaba la segunda de mis hermanas.

Debo decir que mi experiencia de niña trabajadora, organizada, aprendiendo y creciendo en colectividad, entre la diversidad de infancias, es lo que me ha fortalecido en la conciencia de los derechos, sobre todo, en autoestima, capacidades y dignidad.

“A partir de mi participación en el Movimiento Nacional de Niños y Adolescentes Trabajadores Organizados del Perú, fui elegida como delegada nacional y latinoamericana. Me fortaleció en la consciencia de derechos.”

Mi primera experiencia de representación internacional fue a los 15 años, en la “Cumbre Mundial de la Infancia” en la sede de la ONU en Nueva York, donde compartí el sentir y las propuestas de los niños de mi país, y particularmente de los niños y niñas de mi realidad andina.

Después de cumplir los dieciocho años, desde Ñuqanchik proyectamos la Red de jóvenes quechuas de Ayacucho, ampliando el contacto con más jóvenes, principalmente de los diferentes pueblos de zona rural y migrantes en Huamanga.

El 2004, durante el IV Encuentro Continental de Mujeres Indígenas tuve la oportunidad de conocer a hermanas indígenas de diferentes culturas. Quedé muy impresionada por el liderazgo de estas mujeres, por la gran sabiduría que transmitían a las jóvenes y por el orgullo de su identidad indígena. Conocerlas, para mí fue determinante en mi vida, sentí que todos los problemas vertidos, sus experiencias de vida, la realidad de sus pueblos, era lo que exactamente vivía yo en carne propia. Quería decir a todo el mundo que me sentía orgullosa de ser una joven quechua, de un pueblo originario, de padres y abuelos de origen andino, con muchos conocimientos, pero sobre todo con ganas de luchar por nuestros pueblos. El 2010 junto a otras mujeres fundáramos la Organización de Mujeres Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP), y fui la primera secretaria de la juventud. El 2013 impulsamos la Red de organizaciones de Jóvenes indígenas del Perú (REOJIP), y paralelamente el proceso de articulación latinoamericana y continental.

“Durante el IV Encuentro Continental de Mujeres Indígenas conocí hermanas de diferentes culturas… y sentí que sus experiencias de vida eran lo que exactamente yo vivía en carne propia.”

Por eso es que, al momento de escoger una carrera universitaria, elegí trabajo social, porque me di cuenta que todo lo avanzado de niña y joven podía hacerlo de manera profesional, promoviendo desarrollo humano, con grupos de mujeres, aportando al desarrollo social, económico y cultural de las comunidades. De esa manera también podía enfrentar la situación de la pobreza y las desigualdades. Esto a fin de contribuir con la dignidad de las personas y sus capacidades.

Mi carrera, mi opción por la vida política y militancia indígena son complementarias. Las entiendo como servicios a la comunidad, al país; en la línea de cambiar las distintas realidades por mejores escenarios de vida para todos en igualdad.

“Mi carrera trabajo social, mi vida política y militancia indígena, son complementarias. Las entiendo como servicios al país para lograr mejores escenarios de vida en igualdad”

La lucha por la defensa de los derechos humanos, con justicia y verdad: Cayara y otros

A los dieciocho años, me di cuenta que pertenecía a esta generación nacida en contexto de violencia y a un pueblo que clama justicia, por la masacre ocurrida el año 1988 y en años anteriores, en Cayara.

Por eso, desde mis actividades en distintos colectivos y movimientos mantuve latente la lucha por encontrar justicia, memoria y reparaciones. Desde mi trabajo en el Congreso de la República impulsamos las actividades de conmemoración, escenificación, espacios de memoria para los desparecidos, así como de regocijo para las familias de las víctimas del conflicto armado interno.

Entre ellas, acompañamos en la inauguración de los lugares de memoria construir por las propias comunidades incentivadas por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, en Uchuraccay, Accomarca, Cayara y Hualla. Impulsamos y acompañamos actividades de conmemoración, pronunciamientos en medios de prensa, escenificación, espacios de memoria para los desparecidos, así como de regocijo para las familias de las víctimas del conflicto armado interno.

Junto con las organizaciones de víctimas y derechos humanos, desarrollamos acciones de fiscalización e incidencias con los Ministerios para la afectividad de los programas de reparación en educación, vivienda y salud.

Cayara

Hualla

Derechos de pueblos originarios andinos amazónicos y medio ambiente

La seguridad con la que había decido seguir el camino por la identidad indígena no era para menos, estar con mi abuela en el campo y vivir momentos de ritualidad, reciprocidad con la tierra, aprender el quechua, cantar “pumpin” nuestra música originaria, aprender a sobrevivir en el campo me hacían sentir parte de los colectivos a los que pertenecí. Mi madre también era una mujer sabia en el aspecto ancestral indígena, sobre todo en medicina. Ella había aprendido de su madrina de matrimonio, mama Graciela Aedo, y podía curar a las personas de enfermedades entendidas en nuestra cultura como “qayqa” (viento de un alma), “pacha” (alcance de tierra), “wayra” (mal de aire), y demás. En la familia no era costumbre ir al hospital, ya que en casa sabíamos que mamá podía curarnos incluso del mal del hígado, riñón, gastritis.

Foto: Junto a mi abuelita, mamá Teodosia en Cayara

Cuando mi familia se desplazó a Huamanga, mamá tuvo que enfrentar la discriminación por su procedencia, por no hablar bien el castellano y barreras sociales culturales y económicas. Mamá nunca dejó de usar su hermoso sombrero, lo usaba a diario y cuando ella se sentía cómoda, a veces se lo sacaba para ingresar a las instituciones públicas. Yo aprendí de su resistencia, por ello reivindico mi identidad usando el sombrero cayarino, fajardino, como parte de mi vestimenta ya sea con el traje occidental o vestimenta típica tradicional.

“Yo aprendí de la resistencia de mi madre frente a la discriminación por su procedencia, por eso reivindico mi identidad usando el sombrero cayarino como parte de mi vestimenta”

Trabajo parlamentario

Entre las propuestas presentadas está el proyecto de ley para la priorización de la inversión pública en distritos y comunidades afectadas por la violencia de 1980 al 2000, para que su condición de ser impactadas por la violencia sea un criterio de priorización, así reducir las grandes brechas de pobreza y pobreza extrema.

Así mismo, el proyecto de ley que declara a Sacsamarca y sus anexos como la cuna de rebelión contra el terrorismo para la pacificación nacional. Surge a pedido expreso de los pobladores de Sacsamarca y sus autoridades. Lo que consta con precisión en el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que indica que el 15 de febrero de 1983 Sacsamarca se rebela contra Sendero Luminoso fortaleciendo sus relaciones con las fuerzas del orden.

El proyecto de ley que incorpora la Violencia sexual a la Ley relacionada al Programa Integral de Reparaciones, para que las personas que han sufrido otras violencias distintas a la violación sexual puedan ser Reparadas.

Lamentablemente todas estas propuestas quedaron a medio camino, aprobadas en comisión y otras estancadas, por el cierre constitucional del Congreso y sobre todo por la oposición a estos temas de muchos legisladores.

Otras propuestas:

Presentamos el proyecto de ley de Reforma Constitucional para la incorporación de la Plurinacionalidad del Estado Peruano, y la inclusión de los pueblos indígenas y afrodescendientes. Lograremos incorporar en la ley marco sobre Cambio Climático aprobada, el reconocimiento y protección de las prácticas y saberes ancestrales de los pueblos indígenas del Perú para enfrentar el cambio climático. Como parte de la ley de plásticos propusimos considerar que se reconozcan incentivos para la participación ciudadana, en la reducción y reciclaje de los plásticos de un solo uso. Logramos incorporar en la Ley del Cine aprobada el incentivo a la creación, producción, difusión, exhibición y registro de películas indígenas u originarias en el país. Presentamos el proyecto de Ley que establece la creación del Instituto Peruano de Lenguas Indígenas y originarias (IPELI). E hicimos un seguimiento permanente al avance de la titulación de comunidades campesinas y nativas a nivel nacional y con énfasis en mi Región Ayacucho, puesto que es la región a la que representé. Así como a los procesos de consulta previa libre e informada a los pueblos indígenas.

La agenda por los derechos de las mujeres de todas las diversidades

Además de la vida universitaria, me apasionaba estar en la organización con los jóvenes y mujeres indígenas de Ayacucho, haciendo trabajo comunitario, actividades formativas y de incidencia con propuestas en los espacios de decisión local y extendidamente a nivel nacional e internacional. Ya los mencionados Ñuqanchik, MNNATSOP, así como la Organización Nacional de Mujeres Andinas y Amazónicas del Perú (ONAMIAP), y el Enlace Continental de Mujeres Indígenas de las Américas (ECMIA), eran para mí como la universidad y la maestría.

“Promovimos el primer Pleno Parlamentario Temático a favor de la agenda mujer. Se aprobó la ley de mi autoría, trabajada junto con mis hermanas andinas que garantiza la participación efectiva de la mujer en las directivas comunales.”

Esa experiencia y aspiraciones se trasladaron también a mi desempeño como parlamentaria

En el periodo 2018-2019 asumí la presidencia de la Comisión de la Mujer y Familia desde el que promovimos el primer pleno temático a favor de la agenda mujer.

En esta logramos aprobar 4 proyectos de ley, entre ellas sin embargo quedaron pendientes propuestas como la sanción a la apología a la violencia contra la mujer y el acoso político.

La defensa de los derechos de las mujeres y mujeres indígenas fue un pilar fundamental en la reivindicación del feminismo interseccional.

En ese sentido, impulsamos la aprobación de la ley que propone modificar el artículo 19 de la Ley General de Comunidades Campesinas Nº 24656, referida a la composición de las Directivas Comunales, señalando que estas deben incluir un número no menor del 30% de mujeres en su conformación. Asimismo, se aprobó la ley de mi autoría que fortalece la sanción penal frente a los delitos contra la libertad e indemnidad sexual. Aportamos a la ley que crea el sistema de registro de agresores sexuales. La ley de fortalecimiento de la interoperabilidad de la administración pública y su priorización en el sistema de justicia penal en la violencia contra las mujeres y familias.

Junto a mi despacho también organizamos el reconocimiento a mujeres artesanas, la fiscalización de las medidas frente a los casos de violencia, la conformación de las Juntas Directivas de la Red de Mujeres Autoridades de Ayacucho, mesas de trabajo en Huanta a fin de prevenir y sancionar la violencia sexual, y demás actividades.

Hemos aportando sustancialmente en la discusión en comisiones, en la campaña nacional de incidencia política para lograr la aprobación de la Ley de Paridad de Género en las elecciones del Congreso de la República. Hay que mencionar que logramos dejar aprobado en la comisión de la Mujer la Nueva Ley de las Trabajadoras del Hogar de acuerdo al estándar internacional, el Convenio 189 de la OIT.

Desarrollamos también el Primer Encuentro de Mujeres de la Provincia de Víctor Fajardo junto a mujeres desplazadas por el conflicto armado Interno y que residen en Lima hace más de 30 años, a partir de ello, hemos empezado el impulso de la organización de mujeres andinas en Lima.

Sumado a ello, organizamos el Primer Encuentro de Parlamentarias Indígenas y constituimos la Alianza Internacional a favor de los derechos de las mujeres y comunidades originarias (Pueblos Indígenas). En la declaración se firmaron los compromisos junto a las 6 parlamentarias invitadas, la senadora de Bolivia, Máxima Apaza; la diputada de Brasil, Joenia Wapichana; la diputada de Ecuador, María Encarnación Duchi; la diputada de Guatemala, Sandra Morán; la diputada de México, Irma Juan Carlos; y la diputada de Panamá, Petita Ayarsa.

El propósito fue promover acciones de articulación y coordinación para impulsar el cumplimiento de la agenda de los pueblos y mujeres indígenas con énfasis en los temas de:

  • Fortalecimiento de la participación y representación política de las mujeres indígenas
  • Lucha contra todas las formas de violencia contra las mujeres indígenas.
  • Reconocimiento del rol de las mujeres en la protección de los territorios y la defensa de sus recursos naturales.

Mi contribución en el Congreso De La República: alcancé el tercer lugar con la mayor producción legislativa

Mis hermanos/as de la organización decían que los años de experiencia, de aprendizaje y compromiso que vivo con nuestros pueblos tendrían que ser oportunidades para tener una voz en el parlamento. Yo no era de aspirar a cargos o títulos, para mí lo más importante era generar cambios en la sociedad, desterrar esa discriminación sistemática hacia los pueblos indígenas y hacia las mujeres por su condición de género.

Después de una decisión individual complicada y colectiva esperanzadora, postulamos a las elecciones congresales del 2016. No fue nada fácil, aunque tenía alegrías y vivencias reconfortantes durante la campaña política, debo decir con sinceridad que también fue decepcionante, ver a nuestra gente sometida al asistencialismo y populismo político engañoso y perverso. Yo no quería repetir esa figura, preferí caminar por lo correcto y decir la verdad aunque eso me restara votos, mi aspiración ya no era ganar una curul en el Congreso, sino generar educación ciudadana y en parte cambiar esa tan mala actitud respecto a la política.

El día de la ceremonia de entrega de la credencial como congresista me acompaño mi padre, mi hermana mayor y mamá Teodosia. Recuerdo que ese día ella me dijo que no entendía nada, solo la parte en la que yo hablé en quechua y en el retorno al pueblo me preguntó si el avión podía llevarla hasta su estancia (su casa en las alturas de Cayara), ya que estaba volando rápido. Ese día sentí alegría por esta gran oportunidad que la vida me dio, pero sabía que era una gran responsabilidad y requería mucha sabiduría para desempeñarme de la mejor manera.

En los tres años de trabajo parlamentario logramos impulsar en las diferentes Comisiones 50 proyectos de ley de mi autoría y 13 leyes aprobadas. Alcanzando el tercer lugar en mayor producción legislativa.

“Presentamos 50 proyecto de ley y la aprobación de 13 leyes. Fuimos los terceros en lograr más leyes en el Congreso.”

En ese contexto bastante adverso, siendo la única indígena autoafirmada y con una vasta agenda de pueblos indígenas, planteamos la necesidad de cambiar la clase política, ya que urge empezar a consolidar una democracia intercultural y paritaria, donde todos los pueblos indígenas y las mujeres seamos actores políticos de nuestras patrias. El camino no ha concluido, hay mucho que andar y estoy convencida que todos podemos hacer el cambio.

Llaqtanchikwanqa Atisunmi - ¡Con nuestros pueblos, sí podemos!

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