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Rosa Meza Moyano

La revista Nueva Acción Critica en su edición N° 11 está siendo presentada en marzo, un mes que ofrece al Trabajo Social perspectivas y oportunidades para generar espacios de interacción y sinergias en torno a temas que contribuyen significativamente a promover el desarrollo humano y sostenible, y el cambio social.

Marzo es el mes del Día Mundial del Trabajo Social; fecha que nos invita a pensar la profesión como parte de nuestro proyecto de vida, pero también es el mes del Día Internacional de la Mujer, y del Día Mundial del Agua, dos temáticas que no son ajenas a la Agenda Global para el Trabajo Social y el Desarrollo Social 2020 – 2030.

Marzo 2021, encuentra al colectivo de Trabajo Social cumpliendo sus funciones en un escenario mucho más complejo y desafiante de lo habitual; un escenario de crisis con múltiples aristas entre las que destacan la sanitaria, la económica, la social y la ambiental. Al estar en la primera línea de atención dirigida a las personas y a familias afectadas por la pandemia del Covid – 19, las voces de las y los trabadores sociales latinoamericanos pueden testimoniar desde su práctica cotidiana el cómo la pandemia está afectando de manera particular a los grupos poblacionales que ya estaban en situación vulnerada con limitado o ningún acceso al trabajo, la salud, la educación, los servicios básicos y sobre el impacto de la pandemia en la vida de las mujeres.

La pandemia del Covid – 19 nos está dejando un tejido social desgarrado, que algunos dirían hay que reconstruir lo más pronto posible para volver a la normalidad, y sin embrago ¿es sostenible social y ambientalmente el tejido de la normalidad con el que ingresamos al siglo XXI? ¿Es esta crisis la oportunidad para reflexionar sobre lo que es normal y acaso intocable e incambiable? ¿Es tiempo de transitar por espacios laborales emergentes con un ejercicio profundo en la incidencia política a favor de los derechos humanos y el desarrollo sostenible? Al ser marzo un mes que nos invita a pensar el Trabajo Social ¿Tiene la disciplina un rol en encaminar la “nueva normalidad” hacia la cocreación de otro mundo posible? Estas reflexiones animan el desarrollo de las siguientes páginas.

Desequilibrios planetarios y sociales; a propósito del Informe sobre Desarrollo Humano 2020

No han faltado las voces que indican que la actual crisis sanitaria es una crisis ambiental a la que hemos llegado por la ética del modelo de desarrollo global que tiene su correlato en la normalidad con la que aceptamos los excesos que vienen afectando la capacidad de carga de los sistemas sustentadores de vida del planeta (como por ejemplo el ciclo del agua); y así también la indiferencia ante otras pandemias muy extendidas como la violencia contra las mujeres y la pobreza.

Al respecto, hace 34 años, en 1987 las Naciones Unidas publicaron el Informe Brundtland[1] bajo el título “Nuestro Futuro Común”. El documento fue elaborado por la Comisión Mundial del Medio Ambiente y el Desarrollo”, estando a cargo de la primera Ministra de Noruega Gro Harlem Brundtland. La Comisión se conformó para estudiar de forma interrelacionada los problemas ambientales que afectan al planeta en su conjunto, llegando a establecer un vínculo entre los modelos de desarrollo y los problemas ambientales detectados.

En lo propositivo, alertó sobre la urgencia de adoptar un desarrollo sostenible que satisfaga las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las formas de vida y necesidades de las generaciones futuras. El Informe Brundtland destacó dos ideas centrales: necesidades y limitaciones. La primera idea llamó la atención sobre las visibles diferencias entre las necesidades de la población de los países llamados del primer mundo (¿excesivas?) y la de aquellos países denominados tercer mundo (de supervivencia). La atención referida a la idea limitaciones focalizó sus reflexiones sobre la capacidad de carga de los ecosistemas para cubrir las necesidades de la población mundial.

Durante la década de los años 90 y en los veinte primeros años del nuevo milenio las alertas han seguido prendiéndose; innumerables eventos e informes internacionales y regionales han advertido del alto riesgo para la humanidad de los problemas ambientales globales, a la vez de reiterar el llamado a cuidar los ecosistemas, reducir el consumo, reciclar y participar en acciones organizadas. La humanidad está viviendo en un escenario de riesgo caracterizado por una intensa actividad humana cuyo impacto se deja sentir en la biosfera. Los cambios en los procesos geológicos y ecológicos son de tal magnitud que se habla de una nueva era geológica: Antropoceno –la Edad de los Seres Humanos–.

Antropoceno es una denominación compuesta por los vocablos griegos anthropos (ser humano) y kainos (nuevo). Se atribuye a Paul Crutzen (Premio Nobel de Química, 1995) la idea para designar la época en la que las actividades humanas empezaron a provocar cambios biológicos y geofísicos a escala mundial. Adoptar una nueva unidad geológica significa aceptar que los cambios cuantitativos han cobrado tales dimensiones que han devenido en un cambio cualitativo global propiciado por la acción humana. Antropoceno es todavía un concepto en desarrollo.

Recientemente el Informe sobre Desarrollo Humano 2020[2] retoma la idea del Antropoceno asociado al desarrollo humano, apoyándose en la hipótesis de que la capacidad de actuación y el empoderamiento de las personas pueden impulsar las medidas necesarias para que vivamos en equilibrio con el planeta y en un mundo más justo. Para el colectivo de Trabajo Social siendo evidente que los problemas ambientales ya existen, pueden acrecentarse, afectan y afectarán el bienestar de todos; es también evidente que por el acrecentamiento de la pobreza y las inequidades hacer frente a las crisis ambientales (que por ejemplo comprometen la seguridad hídrica, alimentaria y la salud), no es igual para todas las personas, lo estamos experimentando al enfrentar la epidemia del Covid -19.

El Informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2020 denominado “La próxima frontera: el desarrollo humano y el Antropoceno”, plantea que nos encontramos en un momento sin precedentes en la historia, en el que la actividad humana se ha convertido en una fuerza dominante que afecta a los procesos sustentadores de vida del planeta. Estos efectos interactúan con las desigualdades existentes y amenazan con revertir el desarrollo de manera significativa. Para cambiar esta trayectoria se requiere una gran transformación en nuestra forma de vivir, trabajar y cooperar. El Informe explora cómo ponerla en marcha, utilizando diferentes enfoques.

En el análisis realizado en el capítulo 1 del informe antes mencionado, como muestra la figura N° 1, los desequilibrios planetarios y sociales se encuentran en el centro de las problemáticas ambientales; en el marco de una relación compleja e interdependiente entre las personas y el planeta, entre los sistemas socioeconómicos y naturales se pueden establecer círculos perversos de desigualdades, presiones, riesgos y crisis (desde el cambio climático a la pandemia Covid - 19). Este capítulo sostiene la urgencia de aprovechar el enfoque de desarrollo humano para apoyar el cambio y la transformación social.

Figura N° 1 Los desequilibrios planetarios y sociales se refuerzan mutuamente

Fuente: Human Development Report Office 2020

¿Se tienen identificadas vías de acción para romper el círculo perverso que da marco a los desequilibrios sociales? Los capítulos 2 y 3 argumentan que estando las personas en el centro del desarrollo, corresponde realizar esfuerzos para empoderarlas hacia el ejercicio de la equidad, el fomento de la innovación y la gestión responsable de los recursos; como muestra la Figura N° 2.

Figura N° 2 La equidad, la innovación y la gestión de la naturaleza pueden romper el círculo perverso de los desequilibrios sociales y planetarios.

Fuente: Human Development Report Office 2020

El Informe “La próxima frontera: el desarrollo humano y el Antropoceno” señala la importancia de realizar una gran transformación en nuestra forma de vivir, trabajar y cooperar. ¿Es este un espacio laboral emergente al cual aportar desde la incidencia política y la educación comunitaria para promover el desarrollo humano sostenible y el cambio social? ¿Tiene el Trabajo Social un rol en encaminar la “nueva normalidad” hacia la cocreación de otro mundo posible?

Una mirada a lo que venimos haciendo nos lleva a ubicar a las y los trabajadores sociales en lo micro y meso social, en escenarios complejos y cambiantes, actuando localmente en procesos globales. Al ejercer la disciplina con personas, grupos y comunidades establecemos relaciones humanas que influyen al momento de catalizar cambios endógenos que contribuyen a su bienestar, y que son apreciados por las personas que participaron en su gestación y pueden dar testimonio de los cambios más significativos que sucedieron en sus vidas mientas conseguían los resultados esperados.

En su función educativa Trabajo Social tiene importantes referentes para abordar la problemática ambiental uno de los cuales es la educación ambiental[3] que desde los años 70 busca el desarrollo de un pensamiento global en materia de la comprensión de relación sociedad y naturaleza y la conservación de la diversidad, los ecosistemas y los saberes. Nuestra experiencia nos ha enseñado que en los procesos de cambio relativos a las problemáticas ambientales, la participación es insustituible y que promover que las personas asuman conscientemente las actividades puede representar un verdadero salto de calidad. Participar es un proceso que se aprende y para ser sostenible requiere de paradigmas no de activismo.

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[1] http://www.ecominga.uqam.ca/PDF/BIBLIOGRAPHIE/GUIDE_LECTURE_1/CMMAD-Informe-Comision-Brundtland-sobre-Medio-Ambiente-Desarrollo.pdf

[2] https://www.fuhem.es/wp-content/uploads/2020/12/hdr2020.pdf

[3] Sobre la construcción de la educación ambiental latinoamericana se recomienda el artículo Algunos elementos del proceso de construcción de la educación ambiental en América Latina. Eloísa Tréllez Solís. https://rieoei.org/historico/documentos/rie41a02.pdf

Lic. Rosa Meza Moyano
Licenciada en Trabajo Social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Título de Especialista en Educación Ambiental y Desarrollo Sostenible, Cátedra Unesco UNED, España. Diplomado de Interculturalidad e Identidades, Escuela de Postgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Jefa de Unidad de la Unidad Técnica para la Mejora de la Prestación de Servicios del Programa Nacional de Saneamiento Rural PNSR/MVCS (2017-2018). Coordinadora Social Vice Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento VMCS/MVCS (2014 – 2016). Consultora Especialista Social UGP Programa Nacional de Agua y Saneamiento Rural PRONASAR/MVCS (2004 –2011). Profesional Nacional Atención Primaria Ambiental; Organización Comunitaria, Educación Ambiental, y Pueblos Indígenas. Representación Nacional de la Organización Panamericana de la Salud OPS/OMS (2000 – 2003). Consultora Especialista en Capacitación, Educación Sanitaria, Género y Lucha contra la Pobreza del Programa Nacional PROAGUA – GIZ (1997 – 1998). Coordinadora de Educación Ambiental Comunitaria del Centro Ambiental Latinoamericano de Estudios Integrados para el Desarrollo Sostenible CALEIDOS (1995 -1997)