Inicio

Colombia

Notas para la discusión

.

Gerardo Vélez Villafañe

.

  1. Comprensión hermenéutica de la acción profesional del Trabajo Social.

El presente trabajo se plantea como una provocación reflexiva desarrollada en clave de hermenéutica crítica frente al quehacer del Trabajo Social (en relación con el desarrollo), entendido como una agencia social particular históricamente situada y simbólicamente orientada bajo los estatutos e imperativos socioculturales, político-ideológicos y epistemológicos (regímenes de producción de verdad) de la modernidad, donde, en tanto que campo sociohistórico y dimensión ontológica, emerge condicionadamente el Trabajo Social como práctica profesional feminizada[1] centrada en un apriorismo teleológico pretendidamente[2] funcional a la reproducción – legitimación de las relaciones de dominación – explotación capitalistas.

En consecuencia, desde esta perspectiva se reconoce que el Trabajo Social se inserta en -y retoma de- los regímenes modernos y postmodernos de producción de saber comprensivo – explicativo que facultan su interpretación del mundo y orientan sus actuaciones profesionales (y las incidencias políticas) en él, dotándolas de sentido en el nivel subjetivo e intersubjetivo. La cuestión del sentido es clave en este punto, pues da cuenta del quehacer del Trabajo Social como una apuesta ético–política por la construcción de un determinado modo de sujeto y de sociedad a partir de una concepción particular del bien común.

Así, las motivaciones y los modos de legitimación de la acción profesional del Trabajo Social se expresan en diversos tipos de discursos en los que lo bueno (ético), lo bello (cosmético: El des-orden social), lo virtuoso (axiológico) y lo justo (político) son nombrados y semantizados multimodalmente bajo diferentes matrices epistemológicas. Uno de tales discursos refiere al Desarrollo.

  1. Trabajo social: Acción profesional para el desarrollo.

La acción profesional del Trabajo Social se entiende aquí como dimensión actante de un sujeto profesional (un sujeto del saber) quien la despliega intersubjetivamente en relación con un cambio cualitativo ideal[3] en el ámbito social bajo determinados condicionamientos contextuales. En tal sentido, la acción profesional es un tipo de práctica social particularmente localizada, en la que coparticipa un sujeto profesional del Trabajo Social desde una racionalidad politizada que excede la dimensión técnico metodológica por cuanto se liga con el cambio social: bien sea para inducirlo, promoverlo, rechazarlo, detenerlo o reversarlo; los diferenciales en cada una de estas opciones se derivan del significado y alcances del cambio social, esto es, su direccionalidad, profundidad, cobertura (en lo micro o lo macrosociológico) y persistencia temporal.

En términos generales, se encuentra que el desarrollo opera como uno de los discursos de mayor penetración y significatividad en la configuración y realización de la acción profesional del Trabajo Social. Dada la heterogeneidad de posturas teórico-políticas y el continuo devenir históricosocial, el desarrollo adquiere un carácter polisémico y dinámico, abierto y en constante tensión, de modo que se trata de un discurso polifónico en cuyo seno coexisten conflictivamente diversas categorías teórico-conceptuales y metodológicas, así como apuestas políticas en torno al bien común, pese a lo cual hay un aspecto trasversal que subyace en cada concepción del desarrollo desde la perspectiva clásica, oficial – dominante (Schumpeter, Rostow, Truman) a las concepciones alternativas (Max Neef, Sen, Wilches Chaux, entre otros): una poderosa dimensión axiológica constituyente y expresiva de un horizonte de eticidad y politicidad en el que se deposita una imagen de la esperanza colectiva.

Del monetarismo clásico, centrado en el crecimiento económico, al neoliberalismo elevado a la categoría de utopía por la expansión global de la economía de mercado, el desarrollo es la apuesta político económica e ideológica del capitalismo en su proceso de dominación social y acumulación de poder presentados como motores para el apalancamiento del desarrollo social. Las alternativas de desarrollo, preocupadas social y ecológicamente en su lucha contra la perspectiva hegemónico capitalista, también reclaman como suyo el desarrollo[4]. En este escenario, no es usual el rechazo al desarrollo, sino a algunos de sus aspectos.

Con esto, el desarrollo se torna en el vocablo, cuya ecología conceptual remite ideológicamente a un modo hegemónico (aunque con variaciones introducidas por vía de diferentes adjetivaciones) de imaginar el futuro y ponerlo en práctica a través de la acción profesional de diversas disciplinas, entre ellas el Trabajo Social. El desarrollo deviene entonces en la agenda política a la que se subsume el quehacer profesional, de modo que se asume el lugar de difusor o consumidor de ideas, antes que de coproductor indisciplinado e impensante de las mismas.

Acción profesional y territorio.

La acción profesional del Trabajo Social se materializa en la inmediatez contextual de una espacio-temporidad histórica concreta de carácter local, que en muchas ocasiones es abstraída, en tanto que naturalizada, al ser concebida de manera reduccionista como espacio geográfico o entidad física de carácter inmutable. Al margen de lo anterior conviene recordar que la espacialidad físico-material es una precondición existencial inherente y soporte básico para la concreción de cualquier acción humana y de los procesos sociales.

Se entiende aquí que tal espacialidad deviene en territorio toda vez que es objeto de una permanente construcción humana objetivada históricamente. El territorio más que una disposición físico-natural del espacio geográfico, es una síntesis dinámica de una ecología humana (Marx) espacializada cuyas interacciones trazan una topografía del poder y de la conflictividad, un mapa complejo e inestable de realidades sociopolíticas y culturales de duración indeterminada (Fals Borda); es pues, lo que Escobar bajo una comprensión geocultural denomina el lugar, lo local.

De acuerdo con lo anterior, es pertinente reconocer que el territorio es una realidad sociocultural histórico concreta no neutral, en tanto está atravesada por relaciones sociales de dominación - resistencia, marginación y exclusión actualmente circunscritas en la lógica de producción, acumulación y explotación capitalista a la que le son consustanciales y beneficiosas situaciones de desigualdad social y regional que tienden no sólo a reproducirse sino también a acrecentarse en el actual momento histórico bajo la implementación del modelo de desarrollo económico neoliberal. En consecuencia, el ámbito territorial es una de las dimensiones en las que se hace manifiesta la cuestión social inherente a las lógicas del capitalismo.

Es en este marco donde la acción profesional del Trabajo Social operativiza determinadas concepciones y agendas políticas de desarrollo, reproduciendo o procurando alterar la territorialidad de la dominación, esto es la espacialización de las relaciones políticas.

De manera consecuente con las hermenéuticas críticas, asumidas como posibilidad interpretativa éticamente comprometidas con la emancipación y dignidad humana, se apuesta aquí por una biopoética del espacio, esto es, la capacidad generativa de cocrear significaciones y prácticas políticas alterativas situadas en lo local para avanzar en la co-construcción de geografías políticas alternas, autonomía administrativa, nuevas formas de gobierno y de democracia participativa en perspectiva de soberanía popular. Es pues, una clara referencia a lo que Fals Borda denominó endogénesis contextual.

Un trabajo social orientado bajo estos planteamientos afronta, entre otros, los siguientes retos epistemológicos y metodológicos:

  • Sentipensar ético-políticamente en clave contextualizada (en y desde la vida cotidiana) y de proximidad crítica,
  • Leer críticamente la territorialidad de la dominación en la que se inserta y de la que forma parte, para configurar la acción profesional,
  • Poner en suspenso los apriorismos categoriales tales como el Desarrollo,
  • Procurar el encuentro dialógico, sensible y reflexivo,
  • Problematizar las lecturas naturalizadas del territorio y de las interacciones humanas en y con él,
  • Impulsar dinámicas de participación, autoorganización y trabajo solidario para la construcción de futuros deseados,
  • Hacer de la acción profesional una experiencia de aprendizaje reflexivo.

.

[1] En términos materiales y simbólicos: En la división social del trabajo por géneros ocupa un lugar subordinado en relación con el concierto de las ciencias sociales, encargándose privilegiadamente de las funciones de reproducción de las fuerzas sociales a través de acciones orientadas a la asistencia, el cuidado y la protección.

[2] Aquí sugiero a modo de hipótesis, a abordar en perspectiva historiográfica, el entender este proceso como un rasgo expresivo de un modo de subjetivación femenina (minoritario) a través del cual la mujer incursiona políticamente en el campo de lo público, de modo que no se trataría eminentemente de la reproducción del orden social vigente, sino de un movimiento que avanza en la trasformación de uno de sus aspectos más significativos: la dominación masculina afincada en el androcentrismo inherente al patriarcado.

[3] En el sentido Weberiano: No como patrón a seguir, sino como modelo analítico de interpretación de la acción social.

[4] En razón de lo cual algunos autores prefieren abandonar la categoría de desarrollo y avanzar en otras direcciones que reivindiquen otros modos posibles de imaginar y construir el futuro al margen de las dinámicas de expansión y acumulación capitalistas y colonialista. A esta corriente se conoce también como alternatividades al desarrollo o trabajos centrados en el postdesarrollo.

Mg. Gerardo Vélez Villafañe Trabajador Social (Universidad del Valle), Magister en Educación (Universidad Pedagógica Nacional de Colombia). Docente tiempo completo, Programa de Trabajo Social Universidad de la Salle, Colombia. Integrante del colectivo “trabajo social, diversidad, interculturalidad crítica y decolonialidad”.