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Perú

Lic. Graciela Soldevilla Velazco

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INTRODUCCIÓN

El Perú no inicia con la independencia; somos un país milenario con un pasado del que nos sentimos orgullosos, con grandes culturas que el Imperio Incaico aprovechó para su desarrollo y bienestar de su población. Nuestro país, inicia su vida republicana luego de ser colonia y eje del virreinato de esta parte de América, como lo fue México hacia el norte. Y sometieron a la población nativa. Con esa condición de base, la república no pudo apostar por desarrollo y bienestar de su población porque gran parte de ella siguió considerada inferior y sobre esa base el Estado no estuvo en condiciones de construir acceso universal a servicios como salud y educación porque social y económicamente existía una mayoría subalternizada.

En este artículo menciono una y otra vez a José María Arguedas que representó a una intelectualidad que basó su obra literaria y antropológica en esta situación de desigualdad e injusticia y su propia muerte fue un grito desesperado por reclamar igualdad y cumplimiento del Estado con los derechos sociales de los pueblos indígenas al que era indiferente. Han pasado más de 50 años de su grito desesperado y en el Perú se sigue con varios indicadores sociales desfavorables hacia los habitantes del interior del país. Como acción del Estado, habíamos mejorado nuestros niveles de crecimiento macro económico pero en salud escasamente.

El Trabajo Social es una profesión con alto componente femenino y con mucha presencia profesional en la Salud Pública. Comprender a nuestra población es básico como igual de básico es saber que las mujeres han sido el soporte de la pandemia generada por el Covid 19 por dos motivos: 1.- Porque se va feminizando la atención en los establecimientos de salud y 2.- Son las mujeres organizadas para las ollas comunes las que mitigan el hambre en los barrios urbano- populares.

Cambio de matriz cultural y de prioridades

Nuestra cultura se remonta a varios milenios de años y conocerlo es cosa seria. La sociedad peruana, tal cual hoy la vemos ha atravesado por radicales cambios que han ido arrinconando conceptos y estilos de vida que favorecían a las mayorías y los más drásticos cambios, que implicaron cambio de matriz cultural se dieron con la llegada de los españoles, con el encuentro y resistencia a la cultura occidental. En una exposición de Vargas Llosa a propósito de los 400 años de la publicación de los Comentarios Reales por el Inca Garcilaso de la Vega, trasmitida por Casa de América de España, escuché: “Los Incas, mandaban dar azotes en los brazos y las piernas a los súbditos desaliñados y sucios, en su celo amoroso por los pobres” “En su afán desmedido por la limpieza y el aseo, exigían como tributos, canutos de piojo en su celo desmedido a que se despiojasen y limpiasen”. La limpieza y el aseo en el Cusco imperial, llena de fuentes de agua, manantiales y baños; que hasta hoy se conservan, como los de Tambomachay dan evidencia de que la limpieza formaba parte del cotidiano existir; la influencia de los gobernantes incas en el mundo privado de las mayorías, parecen políticas de Estado.

Pasados algunos siglos, el historiador limeño, Franklin Pease, identificado igualmente con nuestra raíz andina, confirmó, la idea de que el tributo que se pagaba al Estado Inca, no era pecuniario sino con trabajo en la construcción de caminos, templos, tambos y otros, y esta investigación da pie para pensar que lo que narra el Inca Garcilaso de la Vega en Los Comentarios Reales, era efectivamente lo que él vio, mientras vivió en el Cusco al lado de su familia materna.

Antes de que los españoles llegaran al Perú, llegaron las enfermedades que en estos lugares no se conocían, como la viruela y los cronistas españoles dicen que Huayna Capac, murió con esa enfermedad. Epidemias como la de 1546, 1558, 1585, más el abuso, redujeron según un investigador norteamericano la población de 10 millones a sólo 1,300.000 en 1570 y 700.000 personas en 1620. En menos de un siglo de conquista desapareció el 93% de la población nativa. Luego de la Conquista, se mantuvo la convivencia entre españoles conquistadores y parte de la nobleza Inca (las panacas) que no perteneció a los descendientes de Manco Inca y los otros Incas que se levantaron para defender al Imperio Incaico. Los “hatun runas”, los que hacía los templos, los tambos, los andenes de Machu Pichu, desaparecieron en grandes cantidades.

Los Comentarios Reales con enorme influencia en el siglo XVI y XVII, fue leído en el Perú por mestizos, Curacas o Casiques, hasta el levantamiento de Túpac Amaru II en el siglo XVIII. En 1781 con la muerte brutal de Túpac Amaru, Micaela Bastidas y su hijo mayor entre las medidas de exterminio de la herencia Inca, se prohibió la lectura de los Comentarios Reales. Hasta hoy, los estudiosos de Garcilaso Inca, lo consideran un clásico, porque pasados los siglos lo seguimos leyendo y consideran que se adelantó a los estudios decoloniales y seguir leyéndolo nos invita a reconstruir estas tierras para vivir en armonía con la naturaleza y el amor a nuestro cuerpo.

El poderoso imperio español, que duró más de 400 años, desde 1492 hasta 1898, abandonó a su suerte a sus súbditos, de la América. A los conquistadores, les interesaba el oro y la plata de Potosí; para los habitantes del imperio Inca, el oro estuvo asociado al ritual del culto al sol y la plata al culto a la luna, tal como lo graficó Guaman Poma de Ayala, en la Nueva Crónica y Buen Gobierno; quién al igual que Garcilaso, quiso narrar, informar, lo que aquí pasaba, quiso llegar al Rey de España Felipe II, con textos escritos y dibujos. Uno de los más de 300 dibujos con los que acompañó su obra, muestran de manera graciosa a un español y un nativo, que le ofrece un plato con artículos de oro, y dice en quechua esto es para que ustedes coman. Guaman Poma, como escribano del Corregidor de Huancavelica, cuenta cómo se impuso con tortura y muerte, la mita, la encomienda y la extirpación de idolatrías, no toca directamente el tema de la salud, pero al decir que se iba sembrando la muerte y en su propuesta de buen gobierno, sustenta la necesidad de un trato de igual a igual, porque los españoles habían llegado a un imperio, a una sociedad organizada y en funcionamiento.

Entre 1551- 1552, se desarrolló, el primer Concilio Limense ( Felix Soldevilla , enero 2007) que en su constitución 30 estableció “todos los ídolos y adoratorios, que había en pueblos donde haya indios cristianos sean quemados y derrocados, si fuera lugar decente para ello se edifique iglesias o al menos se ponga una cruz” y así todos los apus (cerros), las apachetas, se llenaron de cruces. Con las reducciones de Toledo se cambió la matriz productiva, basada en el control de pisos ecológicos para la agricultura y alimentación y se pasó a una matriz productiva basada en la minería, se abandonó la agricultura, la adaptación de la tecnología a su entorno, se abandonaron los andenes, las cochas y tantas formas de “siembra del agua” y se arraigó la escases de alimentos y su almacenamiento en los tambos, para tiempos difíciles, esos tiempos difíciles que siempre llegan a nuestro país, por desastres naturales.

El primer Obispo de Huamanga, Fray Agustín de Carvajal, tomó posesión de su iglesia el 2 de enero de 1615 y en 1616, viajó al área rural y escribió, acerca de los abusos del padre Cristóbal de Albornoz, sobre los indios Guachos, que fueron castigados en un número de 100 ante el Juez de Castrovirreyna. Fueron azotados y torturados sin ropa, para que confiesen que eran idólatras y que adoraban a las huacas. De estos pobres indios, murieron 80 tributarios, (Felix Soldevilla 2009). La misma fuente señala que a inicios del siglo XVII, el padre carmelita, Bernabé Vásquez, señaló que Guachos tenía 577 indios tributarios. “Cada uno paga un tributo de 2 pesos y un tomin en plata, más un peso en ropa y carneros de la tierra, maís, gallinas”. El tributo se empezó a pagar con dinero y con productos del cultivo y la crianza. Pagaron por ser indígena, los mestizos no pagaron tributo, tampoco los miembros de las panacas de la nobleza Inca, leal al Rey de España, los Incas que se sublevaron frente a la corona española perdieron todo.

En 1624, el segundo Obispo de Huamanga, (según la misma fuente), relata: La población nativa enrolada en las minas de Huancavelica y Castrovirreyna, se va acabando. Miles abandonan el regazo familiar y el terruño, huyendo “tierra adentro”, por los cerros y descampados, tratando de evitar cualquier contacto con los mineros, corregidores y doctrineros”.

Los mineros para producir las minas, adoptaron la política de la mita obligatoria y por eso los mineros, llevaban a la fuerza a los jóvenes indígenas para cumplir tal obligación (Alejandro Flores Reyes, UNMSM 2006) ese trabajo, los corregidores los perseguían para el pago del tributo y los curas los acosaban por el culto a sus dioses.

Muy poco en salud

La Emancipación en el Perú, se inicia en 1810 y concluye en 1826 (Cristobal Aljovin) y en diferentes momentos participa la población indígena tanto junto al ejército libertador como al ejército realista. Su presencia en la escena política fue motivo para que en el Protectorado de José de San Martín por Decreto del 27 y 28 de Agosto de 1821 nombra a los indígenas como peruanos y quedaron abolidos los servicios personales como la mita, el pongaje (pongos) yanaconaje y la encomienda con la pena de expatriación a los infractores (Jorge Basadre 1983). Yo escuché de mi madre en 1958- 59, que hablaba de pongos y yanaconas en Huancavelica y yo vi su existencia en Puno y Cusco antes de la Reforma Agraria de Velasco en 1969. El trato diferenciado y de inferioridad no se pudo resolver con decretos y la comunidad de ayllus fue desprotegida al desaparecer la Ley de Indias y surgió el gamonalismo concentrando tierras y restituyendo el pongaje y otros servicios personales.

Según J. Basadre, la vacuna contra la viruela llegó al Perú en 1891 y había resistencia a vacunarse hasta que una Ley del 3 de enero de 1896, consideró obligatoria la vacunación (J.Basadre. tomo 11, pág.157) y se crea el mismo año el Instituto de Vacuna y Seroterapia y disminuyó su amenaza a la salud de sus habitantes, sin embargo, enfermedades como la malaria y la tuberculosis se extendieron en la Costa y en el caso de la tuberculosis entre los migrantes de la Sierra que bajaron al nivel del mar. La tuberculosis causó estragos y el mismísimo Simón Bolivar el Libertador, murió con esta enfermedad en Santa Marta (Colombia). El uso de las vacunas al igual que la potabilización del agua son las alternativas más importantes para la salubridad, dicen varios autores. Entre 1895 y 1897, varias resoluciones legislativas autorizaron al poder ejecutivo contratar la instalación de agua potable, en el Callao, Paita, Azángaro, Huancané, Moquegua. (Basadre tomo 11, pág. 183) y así poquito a poco fue llegando a muchas ciudades más. Sobre todo, desde 1916, en que la epidemia de paludismo hace que se piense en la salud de la población. Se crearon rentas especiales para el servicio de agua y desague en las ciudades del Sur, afectadas por la epidemia. (Pilar Ortiz de Zevallos. La República 20- 11-20).

Los indígenas de la zona andina participaron en buen número junto al movimiento independentista como lo hicieron también resistiendo en los andes, junto al Gral. Andrés Av. Cáceres, al ejército invasor de Chile de 1879 a 1883, sin embargo, sus aportes no fueron reconocidos con mayor atención en salud y educación de parte del Estado, siguieron abandonados hasta muy entrado el siglo XX. Los hacendados no aceptaron las escuelas ni postas sanitarias en las comunidades indígenas y en Distritos andinos. Se opusieron a construir infraestructura sanitaria cuando la fiebre amarilla, azotó a Quillabamba (Cusco) en 1932 (Marcos Cueto IEP, 2020) y teníamos una Dirección de Salubridad Pública desde 1903. Igual pasó en Puno y Cusco con la apertura de escuelas, las quemaron en Azángaro (Puno) en 1920, (Graciela Soldevilla 2000).

Si eras indígena, la salud te era ajena y la educación pugnaba por ingresar a las localidades

La acción del Estado no llegaba a las localidades y menos a la hacienda; los piojos invadieron las cabezas y los cuerpos de los indígenas, sin que ningún gobernante los exija como tributo. José María Arguedas, el escritor peruano, nacido en Andahuaylas, perteneciente al ex chinchaysuyo como Guaman Poma, con tres siglos de diferencia (1911), dijo en una presentación: “Yo soy hechura de mi madrastra. Cuando mi padre llegaba de sus largos viajes, era vestido y bañado para comer en el comedor y cuando mi padre volvía a viajar, retornaba a la cocina con los indios, a la batea, con mis frazadas sucias y los piojos”. Esto les estaba pasando a José María Arguedas en 1915- 1916, es decir en pleno siglo XX, en plena República que nos consideró iguales ante la ley.

Arguedas insiste en el tema, en el tercer diario que forma parte de su novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo; refiriéndose a su falta de técnica para escribir en respuesta a las críticas que recibió del escritor Julio Cortázar “ cómo no ha de ser distinto quien jugó en su infancia formando cordones ondulantes y a veces rectos de liendres sacadas de su cabeza para irlas después, aplastando con las uñas y entreteniéndose , de veras y a gusto, con el ruidito que producían al ser reventadas; cómo no ha ser diferente ese individuo del hombre que pasó su infancia en una ciudad tan intensa, grande y rica en gente y en edificios como Roma”. Reconocía Arguedas su condición de serrano, reconocía que vivió su infancia junto a una clase social que había sido despojada de todo, sin oportunidad, en su infancia fue arrojado hacia esa vida por su madrastra y vivió feliz junto al amor de los indios en Andahuaylas aunque culturalmente era mestizo heredero de lo andino y occidental, no deja de lamentar esa existencia tan privada de todo y de calidad de vida.

En la campaña política de 1960- 61, cuando en el mismo pueblo, dónde fueron casi exterminados los indios “Guachos”, en Castrovirreyna, Huancavelica, estaba yo estudiando la primaria, tuve la suficiente atención para saber cómo se movía mi pueblo habitado en su gran mayoría por mestizos, los quechuas aún existían, pero habían sido arrinconados en las montañas, lejos del pueblo a quienes la mayoría llamaban “chimpalao”, es decir, los que viven cruzando el puente. La expresión era en quechua, no eliminaron la lengua por más que la castellanización de los jóvenes había tenido como vehículo la educación; la profesora de mi madre, tenía policías escolares, con una sola misión, anotar a las estudiantes que entre ellas hablaban en quechua y ella les daba el castigo. Con el tiempo entendí por qué se nos podía decir aculturados, que siendo andino desprecia sus raíces. En las elecciones disputaron en diferentes partidos, 3 jóvenes abogados que nacieron en Huachos, los 3 vivían en Lima. Se enfrentaron representando a los partidos políticos del momento: APRA, Acción Popular y Unión Nacional Odrísta, y para desestimar la participación del candidato Odrísta que era mi tío, la alcaldesa del distrito que era de Acción Popular dijo en quechua, que yo entiendo, que quién iba votar por ese “chiamanta usayaq”. No sabía aún de Arguedas, ni de Guaman Poma ni Garcilaso, pero la expresión se me quedó grabada, como expresión de desprecio. ¡cómo podría ser diputado! Un hombre que hace poco, se había convertido de “liendre en piojo”. Y quería decir, “¡cómo éste, que no fue nada! Se atreve ahora a pretender una diputación, junto a otros, los que siempre habían tenido el “derecho”. La contienda no fue con un indígena, ellos seguían siendo considerados “los chimpalao”, (no serían ciudadanos hasta 1979), sino con un blanco que no tenía dinero, que no tenía las propiedades que tenían los otros. Las liendres y los piojos no sólo quedaron en los cuerpos, pasaron a las metáforas en quechua, la lengua de los “runas” de los comunes más que de los mestizos, sirvió para esta metáfora, que sólo expresaba diferenciación y uso de privilegios en el acceso al poder.

Arguedas narró con maestría estos enfrentamientos de castas y clases en su novela “Todas las Sangres”. Y es que esa señora, no pudo reconocer que para 1962, se había producido una movilidad social, gracias a la educación. Las Universidades se abrieron a los pobres. En 1962 los estudiantes universitarios en el país fueron 30,983 y en el 64, 92,402. Había tenido un crecimiento de 27% con respecto a los 50 (Henry Pease 1977). Y es que es que la educación secundaria también llegó a los pueblos, a los distritos, pero los blancos y mestizos de los pueblos no aceptaron que, una nueva clase se iba abriendo camino, por más que gente como Raúl Haya de la Torre, fuera producto de ese cambio. Al inicio de la aparición del APRA, Haya de la Torre había anunciado en un mensaje enviado a J.C. Mariátegui, desde Londres el 2 de noviembre de 1926 para felicitarlo por la publicación de la Revista Amauta, manifestando su complacencia “¿El Perú será en el futuro el primer punto de la avanzada de la Nueva América Latina unida por el brazo de los trabajadores manuales e intelectuales y libre de las amenazas de conquista y de las traiciones interiores que hoy la corroen? Creo que sí. Una vanguardia juvenil de obreros e intelectuales, de campesinos y estudiantes proscritos ha llevado a veinte pueblos hermanos la buena nueva desde 1923. Nuestro primer puesto en esta etapa precursora debe ser mantenido y fortalecido”.

Promesas de cambio

Qué atrasados íbamos los pueblos en 1962 e incluso los que representaban al APRA, habían olvidado ya el pensamiento de su líder, producto de la reforma educativa de Córdoba, que cambió el rostro colonial de las universidades y hasta la elitista Universidad Mayor de San Marcos, tan importante para formar la élite intelectual de la Colonia y del primer centenario de la República, cambió y acogió a Arguedas y a Haya de la Torre, ambos provincianos y aceptó que exista la Federación de Estudiantes de San Marcos, que se fundó en 1923, dónde ambos participaron en la directiva. La Universidad pública, abrió sus puertas, y dio la posibilidad que la educación superior sea un medio de movilidad social, pero quitarnos u otorgarnos derechos, ya no sólo estuvo en manos de la elite gobernante, sino entre la misma gente, no sólo habíamos adoptado la colonialidad del poder sino la discriminación como actitud normal y cotidiana, entre unos y otros.

Volviendo a los diarios de J.M. Arguedas, es decir al tercer diario, escrita en Santiago de Chile, el 18 de mayo de 1969: “ Don Julio (Cortazar), ha querido atropellarme y ningunearme irritadísimo , porque digo en el primer diario de este libro, y lo repito ahora, que soy provinciano de este mundo, que he aprendido menos de los libros que en las diferencias que hay, que he sentido y visto, entre un grillo y un alcalde quechua, entre un pescador del mar y un pescador del Titicaca, entre un oboe, un penacho de totora, la picadura de un piojo blanco y el penacho de la caña de azúcar: Entre quienes como Pariacaca, nacieron de 5 huevos de águila y aquellos que aparecieron de una liendre aldeana, de una común liendre, de la que tan súbitamente salta la vida”. Y ; dice, luego en su último diario, escrita igualmente en Santiago de Chile, el 20 de agosto de 1969: Quizá conmigo empieza a cerrarse un ciclo y abrirse otro en el Perú y lo que él representa: se cierra el de la calandria consoladora, del azote, del arrieraje, del odio impotente, de los fúnebres “alzamientos”, del temor a Dios y del predominio de ese Dios y sus protegidos, sus fabricantes, se abre el de la luz y de la fuerza liberadora invencible del hombre de Vietnam, el de la calandria de fuego, el del Dios liberador”. La década del 70, fue una década de cambios, pero no pudo abarcar a la Reforma de la Salud, eso lo lamentó Juan Velasco Alvarado, en una entrevista periodística luego del golpe de Morales Bermudez Fue la década de la Teología de la Liberación en el Sur Andino y muchos lugares del ande y los pueblos urbano- populares.

Este Perú sigue produciendo de cuando en cuando seres humanos universales como Arguedas y Vallejo, los que interpretan, los que retratan, los que marcan un antes y un después. Arguedas ayudó a construir la utopía andina,

Y así llegamos al siglo XXI. El COVID 19 evidencia estas desigualdades históricas y la incapacidad del Estado para garantizar el derecho a la salud de los excluidos de siempre.

Con un Ministerio de Salud Pública, desde 1935, con la existencia del Seguro Social solo para los trabajadores en planillas del sector público y privado, con una ficción de universalización de la seguridad social con el SIS (seguro integral de salud) y un amplio sector privado en salud. Existe la infraestructura, pero no hay salud de calidad, ni salud integral (físico, mental y social), muchos han sido los intentos, pero chocamos con muchas trabas y la pandemia del Covid- 19, ha evidenciado nuestras carencias y dolencias.

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BIBLIOGRAFÍA

ARGUEDAS, José María: Ultimo diario en Zorro de arriba y zorro de abajo. Ed. Horizonte 1986

Aljovín, Cristóbal de: Caudillos y Constituciones Perú 1821- 1845 PUCP, FCE

Basadre, Jorge: Historia de la República del Perú: tomo 1,2,3 en Ediciones El Comercio

Soldevilla, Félix: La edificación de la iglesia de Huachos (Prov. Castrovirreyna, Dep. Huancavelica) siglos XVI y XVII en Pueblos, provincias y regiones en la Historia del Perú, Academia Nacional de Historia 2007

Soldevilla, Graciela: La educación indígena en el departamento de Puno: Revista de Trabajo Social UNA-P 1989

Graciela Soldevilla Velazco
Licenciada en Trabajo Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Bachiller en Ciencia Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Experiencia Laboral en: Docencia en la Universidad Nacional del Altiplano- Puno 1973- 1992 y la Universidad Nacional de San Marcos 2006-2007
Ha trabajado en Organizaciones de Desarrollo Social e Intercultural, en Servicios Integrales para el Desarrollo Social- Puno 1994-1996, en ESAN para el Convenio con Manuela Ramos e Instituto de Salud Materno – Infantil, en el Proyecto 2000- Salud Materna y Perinatal, en Chirapaq, Centro de Culturas Indígenas, Ayacucho 2008-2009
Actualmente. Asociada del Centro Latino Americano de Trabajo Social e integrante de la Comisión de Desarrollo Profesional