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Perú

Teresa Tovar Samanez
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En el momento actual confluyen tres fenómenos: el bicentenario que significa 200 años de “República”, la situación de emergencia sanitaria y humanitaria del COVID19 y la llegada al gobierno de Pedro Castillo, luego de una dura pelea contra la alternativa mafiosa de derecha, representada por Keiko Fujimori.

Queremos abordar en esta ocasión algunas de las vinculaciones entre estos tres fenómenos, teniendo como preocupación el tema educativo y como dimensión central la cultura.

Como señaláramos en un artículo anterior, en estos 200 años hemos transitado de una sociedad oligárquica donde la educación era un privilegio, a un orden neoliberal en el cual se mercantilizó la educación en lugar de garantizarla. Después de 200 años, la República como constructo se ha mostrado en toda su fragilidad y hoy aparece como un discurso vacío, ante la realidad de un modelo económico devastador de derechos e institucionalidad. Se produce un hiato entre un imaginario educativo incluyente y el modelo económico excluyente (1).

Es entonces que sobreviene la crisis del COVID 19 que agudiza y extrema las desigualdades, las fracturas en esa sociedad (incluyendo las desigualdades y segmentación educativa) y coloca un nuevo punto sustancial en la agenda: la recuperación del planeta. Es entonces también que se produce el triunfo de Pedro Castillo en las elecciones presidenciales, sorprendiendo a todos los actores clásicos de la “República”, e incluso a Pedro Castillo mismo.

Contra todo pronóstico un campesino rondero y líder sindical termina encarnando la victoria e irrupción en escena del Perú marginado, de la población andina, rural y pobre históricamente silenciada y menospreciada por las élites del país. durante 200 años de República. Se trata, como señala Alberto Adrianzén, de un gobierno plebeyo que cabalga sobre una fractura histórica irresuelta. Hay que tener en cuenta que el triunfo de Castillo es plebeyo, popular, provinciano y serrano. Las regiones que aquí se llaman sierra en el Perú, que es la parte andina, han votado masivamente por Castillo (2).

Las élites se resistieron aceptar este triunfo y, desde su lado más mafioso, libraron una dura lucha para evitar el reconocimiento del gobierno de Pedro Castillo, argumentando sin ningún fundamento un supuesto fraude electoral.

Luego de la instalación del gobierno de Castillo, se ha abierto un período en el cual parecen haber pasado los vientos de “vacancia” y se va instalando ya otra discusión: la gobernabilidad y el contenido de la agenda social. Esta agenda está marcada fundamentalmente por las urgencias de la pandemia, pero tiene detrás esos 200 años de frágil República y de hondas fracturas sociales y culturales.

La educación es parte de esta agenda social. Tanto de la agenda urgente, como de la agenda histórica que está detrás.

La sociedad y la educación en riesgo.

Está ya colocado en la agenda educativa actual, en primer lugar, el tema de la emergencia educativa, en un contexto en el cual por lo menos medio millón de niñas, niños y adolescentes abandonaron las aulas, es decir que se descolgaron del sistema y quedaron al margen de las oportunidades educativas y del derecho a la educación.

Se trata de una mega emergencia, como señala Manuel Iguiñiz (3) que ha agravado problemas anteriores y requiere garantizar la educación como derecho. Manuel Bello lo expresa claramente: Ya teníamos un sistema escolar deficiente y marcado fuertemente por la desigualdad, la segregación, el centralismo, la falta de pertinencia y de relevancia frente a la diversidad de contextos territoriales, sociales, culturales y lingüísticos, el maltrato de los docentes, la corrupción, y otros problemas. La pandemia ha sumado obstáculos, agravado algunos problemas y develado otros (4).

La emergencia educativa es parte de la sociedad en riesgo, concepto formulado por el sociólogo alemán Ulrich Beck, que señala que el crecimiento económico ilimitado de la sociedad posmoderna genera, diversas y crecientes amenazas y desastres y obliga a admitir un hecho antes sumergido o negado: que hoy la especie humana y la vida están seriamente amenazadas (5).

Esto ha sido reconocido por las NNUU. El secretario general de la ONU, António Guterres, abrió el 21 set la Asamblea General señalando: Estoy aquí para hacer sonar la alarma: el mundo debe despertar. Estamos al borde de un abismo y avanzamos en la dirección equivocada… el mundo nunca ha estado tan amenazado ni tan dividido la pandemia y la crisis climática han sacado a relucir muchos de los grandes problemas globales, como la falta de solidaridad, el egoísmo, la corrupción y la enorme desigualdad que están disparando la desconfianza y la desesperanza entre los ciudadanos (6).

La educación también está en riesgo. Se han resquebrajado seriamente las bases que le habían constituido como derecho público. Hoy urge ir más allá de la superficie, no basta con atender la urgencia del retorno la presencialidad. Detrás de las clases confinadas, de la gigantesca brecha digital, del aprendizaje remoto por watsap en condiciones de extrema desigualdad, de la angustia por los aprendizajes esperados no logrados; asoma la necesidad de modificaciones más estructurales. Estamos en la puerta de entrada de una discusión de fondo que debe admitir que lo que hoy ocurre es una remoción de las maneras como hemos venido entendiendo el significado de educar, aprender, enseñar; de cómo hacerlo, de para qué hacerlo.

La pandemia como hecho social total (Mauss, Elias), está provocando una convulsión sin precedentes en los sistemas educativos y en sus bases conceptuales y epistemológicas (7). La visión del mundo como un conglomerado que progresa y produce crecientemente riqueza y asociada a ella, seres humanos productivos, es decir capital humano, ha mostrado sus límites y su fracaso como utopía. Los seres humanos, especialmente los más excluidos y subordinados, están viviendo con gran sufrimiento el derrumbe de la promesa neoliberal.

Hemos constatado lo vulnerables que somos y debemos aceptar que los caminos individuales hacia el progreso no existen porque estamos fuertemente conectados entre nosotros y con la naturaleza. Tampoco existen proyecciones, proyectos de vida o meritocracias individuales. Además, los hechos están desafiando todas las regularidades que rigieron y ordenaron el desenvolvimiento del sistema educativo. Los compartimentos curriculares, la secuencialidad lineal, los aprendizajes esperados, las reglas, las rutinas, las prescripciones. Nada funciona como antes.

Es imprescindible, entonces, tender puentes entre la atención urgente a la emergencia educativa y este debate de fondo. Sin duda son muchas las preguntas que se plantean a la educación desde esta perspectiva. En esta ocasión queremos llamar la atención sobre una de ellas: la dimensión cultural y el nexo entre educación y cultura.

La fuerza de la cultura toca la educación.

Según Mauss, una de las características de los hechos sociales totales, es su carga y significado simbólico. El aspecto simbólico de los intercambios sociales es según Mauss el fundamento último de las relaciones sociales entre las personas. Pues bien, cuando como hoy, está en juego garantizar la vida, la socialización adquiere una fuerte connotación figurativa que nos lleva a asociar supervivencia con solidaridad y la relación con el otro.

Están en cuestión los imaginarios colectivos. Si la educación es un ámbito de socialización, su finalidad y sus itinerarios y formas deberán estar marcados por la preocupación de reconfigurar las relaciones sociales, de eliminar definitivamente las relaciones cuasi estamentales que han marcado nuestra historia, y de instalar, en contraste, relaciones realmente igualitarias, comenzando por el reconocimiento de los estudiantes como seres iguales entre sí, de todas las culturas y saberes como valiosos y de todas las lenguas como oficiales.

Una fractura social y cultural.

En el Perú vivimos una circunstancia particular. Los otros han ganado. El triunfo en la escena política tiene como contraparte un posicionamiento en el terreno del lenguaje simbólico. Más allá de los bemoles de la eficacia de su gobernabilidad, el gobierno de Castillo tiene, como ya señalamos líneas arriba, un signo indiscutiblemente plebeyo. En un mundo donde la promesa de los unos se ha derrumbado, los otros, ninguneados históricamente, han irrumpido en la escena. Mientras que, en la ciudad de Lima, el 64,5% votó a favor de Keiko, en Puno, Cuzco, Apurímac, Ayacucho, Huancavelica Castillo obtuvo más del 80% de los votos

Tan fuerte ha sido el derrumbe, que la reacción ultraconservadora se ha expresado de manera grosera. Primero, cuando el recuento electoral oficial ya daba un triunfo casi irreversible a Castillo, se difundió en redes un diálogo entre representantes blancos de clase alta y entorno social privilegiado que llamaban a la “destrucción” de las regiones andinas. En esos lugares voy a tirar mi basura al piso, escupir en la calle, violar a las mujeres, pegarle a sus niños, esterilizar a todos. Castillo es un cholo de mierda y sus votantes son alpacas que no saben por qué votan, ni leer deben saber escribió uno de ellos[1].

Los “dueños del Perú”, título del clásico libro de Carlos Malpica (9) o “los doce apóstoles”, título del texto de Francisco Durand (10) son denominaciones que expresan que los grandes grupos económicos, se niegan a admitir que ya no manejan a su antojo los hilos del poder, tal como lo venían haciendo desde hace varias décadas. Temen que el gobierno de Castillo signifique el fin de sus prebendas y privilegios. Una parte de ellos ha optado por aceptar el gobierno de Castillo e intentar capturarlo y moldearlo a sus reglas de juego como ya hicieron con gobiernos anteriores (11). Otra parte que representa a los grupos ultraconservadores expresa dicho temor como rabia y racismo. En las elecciones del 2021 afloró sin mascarilla ni pudor el desprecio de estos grupos y élites hacia los campesinos, los cholos, los indios y los pobres y devino en un discurso abiertamente violento.

En contraste, Pedro Castillo no tiene que decir nada para encarnar el sentimiento contrario. El mismo es campesino, cholo, pobre, rondero. Le basta con pararse y mostrarse tal como es para generar identificación en sus votantes. Él es, directamente, parte de los sectores populares subordinados, discriminados y maltratados durante siglos, y la gente lo sabe. Por primera vez, no tenemos un vocero o representante de los sectores excluidos, como fueron Velasco en su momento, o Humala y Toledo después. Ocurre hoy que uno de los excluidos ha sido elegido presidente del Perú y su discurso rompe un silencio y negación de siglos: traigo el saludo de los hermanos quechua, los aimara. Los hombres y mujeres que nunca han tenido voz en nuestra patria (12).

La fractura social donde está parado Pedro Castillo es una herida abierta, un problema nacional pendiente desde los tiempos de la colonia, cuando se negaba a los indios la categoría de humanos y se los tipificaba de animales.

Ya en plena Republica, Riva Agüero, representante de la élite castiza expresaba su desprecio al indio: No hay que engañarse: allí palpita secreta y pérfidamente una hostilidad recelosa y siniestra. El indio es rencoroso; aborrece al blanco y al mestizo con toda su alma; procura engañarles y perderles; si no les declara la guerra franca es por cobardía. En él, como en todos los esclavos, fermentan odios mortales e inextinguibles (13). La herencia colonial permeaba la República e incluso sus normas. El tributo del indio se mantuvo hasta 1854 en que es abolido por Castilla, persistían las separaciones de hecho entre indígenas y no-indígenas una significativa proporción de ellos no tenían derecho al voto hasta que en 1970 Velasco instauró el voto al analfabeto y los decretos y leyes se los consideraba distintos e inferiores. Pese a los fundamentos del sistema republicano que no reconoce la «diferencia de clase» entre los ciudadanos, algunos textos oficiales siguieron mencionando la «clase indígena» —aunque fuera [2]para conceder privilegios (decretos sobre el tipo de papel sellado, los pasaportes, etc.)—. Resalta la persistencia de estatutos y clasificaciones coloniales… Las representaciones del indígena en el Perú decimonónico (1821-1879) «persona miserable» en varios decretos relativos a los indios, y la separación entre «españoles» (o «personas decentes»), «castas», e «indios» en varios registros parroquiales (13).

Doscientos años después, el desprecio a la población indígena ya no es oficial. No está permitido legalmente, pero persiste en la cultura y el imaginario simbólico. Por ello, las frases de la derecha ultraconservadora de hoy se parecen bastante a las de hace 200 años: Qué repugnante ver a estos apestosos, Cajamarquinos de mierda, Todo el gabinete es repugnante. Una gavilla de impresentables que manchan la honra del país. Cucarachas revolcándose en el estiércol de su propia miseria y mediocridad.

El quechua en la disputa cultural.

Nunca como antes del quechua suscitó tanto debate. Nunca como antes produjo el desprecio de las élites de siempre. Los sectores de poder limeños exigieron que se traduzca al español de inmediato el mensaje en quechua en el Congreso (durante la presentación del premier Bellido) argumentando que no es la lengua oficial en Lima.

A pesar de que en el inciso 19 del artículo 2 de la Constitución Política del Perú, se señala que toda persona tiene derecho a “su identidad étnica y cultural’' y a “usar su propio idioma ante cualquier autoridad mediante un intérprete”, el español ha sido por cinco siglos el idioma oficialmente usado en todas las actividades oficiales, políticas, y también en los medios de comunicación.

Al parecer muchos padres de la patria ignoran o dejan de lado que, en julio de 2016, se publicó el reglamento de la Ley N° 29735, que regula el uso, preservación, desarrollo, recuperación, fomento y difusión de las lenguas originarias del Perú. Esta norma señala que la oficialidad de una lengua originaria implica que el Estado debe otorgarle el mismo valor jurídico y las mismas prerrogativas que al castellano.

El quechua se convirtió en idioma oficial de Perú en 1975 durante el gobierno de Juan Velasco Alvarado y se dispuso su enseñanza obligatoria en todas las escuelas. Lamentablemente, esto fue decayendo con el paso de los años.

El quechua y otras lenguas originarias han estado asociadas a los indígenas y campesinos y pobres, mientras que el español es visto como la lengua de los blancos, costeños y sectores acomodados. Según las cifras del censo de 2017, cerca de cuatro millones y medio de peruanos tienen como idioma materno una lengua originaria y un 13,6% de la población tiene el quechua como primera lengua.

El General Montoya afirmó que El idioma oficial del Perú es el castellano, el español[3]. No obstante, según Agustín Panizo (lingüista y exdirector de Lenguas Indígenas del Ministerio de Cultura), la declaración de Montoya es inexacta, porque la lengua quechua es oficial en Lima. Esto se debe a la cantidad de quechuahablantes que habitan la región a causa de la migración y “por los vínculos históricos del territorio de Lima con el quechua, y existe un traductor al quechua”. Se habla en español y se traduce al quechua, recordando además que el Congreso representa a la ciudadanía.

El debate sobre la oficialidad del quechua es parte de la disputa simbólica y cultural que contrapone al Perú oficial con la irrupción del gobierno de los otros. Es parte también de esa otra disputa más de fondo por la pluriculturalidad y diversidad en la nación peruana. Para ser admitido formalmente como ciudadano peruano los campesinos y migrantes se ven obligados aún en pleno siglo XXI a renunciar y renegar de su idioma, cultura e identidad.

Racismo y educación.

La discriminación y el desprecio se vinculan a la falta de educación y todo se amalgama para descalificar la participación política de quienes no saben leer o escribir o carecen de un título universitario. Como un espejo de la conquista revestida de gesta civilizadora, hoy también se ensalza en el imaginario simbólico del poder a quienes son civilizados y educados, para contraponerlos al pueblo ignorante. Coincidentemente, los descalificados son ciudadanos andinos y rurales: Los únicos responsables de estos resultados son los Quispe y los Mamani, rezaba un meme en las redes estableciendo un vínculo insólito entre el apellido y la capacidad de raciocinio.

La educación deja de ser un derecho para convertirse en una barrera estamentaria, en un muro que separa a quienes tendrían más derecho que otros a elegir y ser elegidos. Así como se pretendió desconocer el voto de la población andina, después se intenta desconocer su derecho a ocupar cargos públicos, pasando por alto lo normado y establecido en la Constitución y las leyes.

Miremos algunas de los miles de frases que aparecen en las redes: “Qué se puede esperar si no sabe ni multiplicar”, “El sombrero no creo que lo embrutece, debe ser que nació bruto”, “Una cosa es ser ignorante y otra es ser bestia. Castillo es la dos, bestia ignorante”, “No tienen modales, es que estos no usan cuchara, no saben cómo hay que portarse en una mesa, son asnos”, “La estupidez de algunas, ningún vestido la salva”, “Han elegido a este adefesio. Hoy me siento más avergonzada que nunca”, Se visten como lo que son, unos ordinarios que no representan a los peruanos”.

Incluso Mario Vargas Llosa descalifica a los votantes de Castillo señalando que Los peruanos de las ciudades están más informados que el resto (15).

En el imaginario conservador, la educación es desnaturalizada en su función central. En lugar de convertirse en la mejor herramienta para luchar contra la discriminación, y para construir sociedades cohesionadas e inclusivas; deviene en un instrumento racista y segregador de los derechos ciudadanos de la mayoría de la población. Al racismo existente en las aulas y en el sistema educativo como un alojado de muchos años y aliado de la segregación educativa (recordemos el cuento de Paco Yunque de César Vallejo); se le suma ahora el racismo adjudicado a la función de la educación en el ejercicio de la ciudadanía.

Ocurre que el racismo del que somos testigos actualmente consiste en la negación de la capacidad de los seres humanos pertenecientes a poblaciones indígenas y andinas, para acceder a espacios y procesos de toma de decisiones en materia social, política y económica. Simultáneamente, esta suerte de racismo cultural se utiliza para legitimar la explotación y subordinación de dichas poblaciones.

Uno de los racistas identificados (Sebastián Galliani) dijo: “Mano, Pedro Castillo es un cholo. Sin educación y va a cagar al país, sus votantes son alpacas que ni saben por qué votan. Ni leer deben saber (…) Cuando no tenga ni un sol para hacer todo lo que prometió, voy a ser bastante feliz viendo a sus votantes siendo más pobres que antes. Ojalá algunos mueran de hambre. Lamentablemente, los ignorantes así aprenden, a la mala”.

De persistir este imaginario conservador racista, puede dar lugar al cultivo de la xenofobia. Mariela Villasante señala este vínculo entre el racismo y cultura: “La asociación entre los atributos externos (color de la piel, tipo de cabello, rasgos faciales) y ciertos atributos morales (inteligencia/ignorancia, valentía/cobardía, trabajo/ociosidad) ha dado como resultado la emergencia de la xenofobia y del racismo en todas las sociedades humanas (16).

La hegemonía simbólica y cultural.

Hoy se abre la oportunidad de librar una disputa por la hegemonía de un nuevo imaginario cultural, que coadyuve y sea parte de la construcción de una verdadera República, es decir de un orden democrático realmente inclusivo. Alberto Adrianzén sostienen que vivimos un momento constituyente, donde necesitamos completar la construcción de la nación y terminar con el ciclo autoritario y abrir un ciclo democrático de larga duración. Es decir, terminar lo que comenzó hace más de cincuenta años para saber, finalmente de dónde venimos. (17). Es decir, la batalla en el plano de las representaciones simbólicas es parte sustantiva de la construcción de la nación peruana.

Al margen de sus limitaciones, el gobierno de Castillo genera esta oportunidad de cerrar la fractura histórica, social y cultural. Una de las limitaciones es sin duda el pensamiento conservador sobre la igualdad de género, presente en niveles y espacios diversos del gobierno y que coincide lamentablemente con el ideario de los sectores más retardataria de nuestra sociedad. No estamos en la mejor ocasión para erradicar la discriminación de género, debemos enfrentarla desde una resistencia. Sin embargo, estamos ahora en un momento favorable para plantear la erradicación de toda discriminación racial y cultural.

La educación tiene un rol que jugar en la construcción de esta contra hegemonía cultural. Esta construcción tiene que conquistar incluso a los votantes de Castillo, los cuales no están capturados o encapsulados en un bolsón determinado. La ciudadanía esperanzada en el gobierno de Castillo puede virar hacia otras opciones ser incluso influenciada por alternativas conservadoras.

Desde el terreno educativo, se hace necesario asumir la educación como parte de una reforma cultural y moral de la sociedad, tal como lo planteaba Gramsci (18). En el momento actual la educación no puede ser entendida únicamente como un proceso de instrucción o de obtención de rendimientos. Es imperativo plantearla e impulsarla como un hecho cultural.

Esto implica varias cosas. Mencionemos brevemente las más importantes.

  1. Poner en valor lo que siempre fue subordinado. La educación debe visualizar y reivindicar la historia, identidad y saberes de las poblaciones marginadas durante siglos. Los estudiantes deben ser formados en el rechazo a todo racismo, discriminación y menosprecio a las culturas originarias.
  2. Cerrar la brecha urbano rural. Históricamente lo rural ha sido espacio de subordinación violenta, dominación cultural y racismo.
  3. Recolocar el derecho a la educación con toda la fuerza de su planteamiento originario, haciendo entrar en él la garantía de las nuevas condiciones que requiere la educación en tiempos de pandemia.
  4. Recuperar la memoria histórica de nuestros pueblos y culturas, particularmente de los acontecimientos que ocasionaron situaciones de violencia y subordinación, para que nunca jamás se repitan.
  5. Instalar una nueva epistemología sustentada diversos saberes, cosmovisiones y sentidos comunes, dejando de lado las prescripciones verticales y lineales. Lograr que la educación de todas las sangres no sea sólo un enunciado sino una apuesta nacional y popular en el bicentenario.
  6. Combatir sin tregua la discriminación de género, la violencia contra las mujeres y contra la diversidad sexual.
  7. Arraigar como sentido común en todos los educandos la convicción por la solidaridad entre las personas y entre éstas y la naturaleza, como sustituto del individualismo y emprendedurismo. Hay de por medio un cambio en el horizonte: estamos en la disyuntiva de si queremos buscar solidariamente el bienestar colectivo; o queremos persistir en la búsqueda del crecimiento económico en el terreno del mercado, donde cada persona o individuo libre a su propia batalla en un espacio falsamente igualador.

Referencias bibliográficas

[1] Se identificó a dos de ellos: Sebastián Galliani Paredes y Alberto Parodi Castro
[2] Frases extraídas de las redes sociales durante los meses de julio y agosto de este año
[3] Declaraciones con motivo del discurso del Premier

Mg. Teresa Tovar Samanez
Socióloga, con maestrías en Educación y Ciencias Sociales. Investigadora con especialidad en temas de políticas educativas y Catedrática universitaria con publicaciones a nivel nacional e internacional.
Ejercicio de cargos de Alta Dirección en el Estado y en Organismos no Gubernamentales. Ha sido Presidenta de Foro Educativo y Directora Ejecutiva de la Consulta Nacional de Educación “Puertas Abiertas” durante el Gobierno de Transición de Valentín Paniagua. (2001)
Actualmente es: Docente de la Maestría en Gerencia Social de la PUCP Miembro del Grupo Inversión por la Infancia, Miembro de CEAAL (Consejo de Educación Superior de América latina y El Caribe), Miembro de la Red de Educación de la Niña Florecer. Columnista del Diario UNO y lamula. Autora de investigaciones y publicaciones sobre políticas educativas, equidad, género, y discapacidad.
Publicaciones recientes sobre políticas educativas: Educación sin República, Revista de Sociología UNMSM, No. 31, 2020; Vuelta de tuerca: Educación pública y apuesta por la vida, Rev. Educacción, 2020; Banco Mundial: encubriendo la desigualdad, lamula, julio 2020, Propuesta de Políticas de Igualdad de Género en educación, Red Florecer-UNICEF, 2015, Balance de la Década de la Educación Inclusiva (Consejo Nacional de Educación), Consejo Nacional de Educación. 2014Balance de las Políticas Educativas 2011-2013 (Foro Educativo)