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Perspectivas y reflexiones en el marco del #25N

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Haydee Chamorro

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«…debe existir alguien….que nos apoye, que nos aliente, a veces que nos oponga algo, alguien que comparta con nosotras, con igual fervor, los goces del arte y de la vida, sus tareas siempre pesadas, jamás fáciles; alguien que no sea ni nuestra sombra ni nuestro reflejo, ni siquiera nuestro complemento, sino alguien por sí misma; alguien que nos deje en completa libertad, y que nos obligue sin embargo, a ser plenamente lo que somos”

(Marguerite Yourcenar)

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Hablar en estado de escritura. Escribir es una forma de enunciar situadamente, de hacerse presente, de visibilizar lo invisibilizado, de romper la línea recta del pensamiento teleológico que aún viene siendo hegemónico, de ciclar la vida que vamos haciendo, deshaciendo y rehaciendo, y de compartir así luchas por la libertad de nuestros cuerpos. Escribir nos fue negado a las mujeres a lo largo de muchos —mejor dicho muchísimos— años. Hoy, nuestras ancestras que lucharon por su libertad de expresión y acción nos dejaron el legado de continuar abriendo caminos de dignidad para todas, porque la complejidad es otra en tiempos históricos otros y las brechas de desigualdad persisten habiéndose agrietado otras.

Desde la potente enunciación que hizo Kate Millet hemos venido robusteciendo el sentido de “Lo personal es político”. Nuestra vida personal, nuestra agencia, nuestros problemas, nuestros deseos no son cuestiones meramente personales, sino se encuentran y moldean a su vez en/por dimensiones/cuestiones estructurales, tramas de la estructura social que podemos desentramar por decisiones políticas nuestras así como de la sociedad misma (en sus distintas dimensiones) y del Estado a nivel de políticas públicas. Es político hablar de lo que nos quieren hacer callar y lo que la estructura social y los mandatos sociales en ella quieren silenciar. En ese sentido, comparto totalmente con Rita Segato cuando afirma que es político contribuir escribiendo reflexiones y saberes que a menudo son considerados ilegítimos, marginales y menos merecedores de prestigios.

Y, es por eso que hoy, un 25 de noviembre más, escribo las perspectivas y reflexiones preliminares que estoy teniendo en un proceso de indagación (sumamente amoroso y político) con la finalidad de promover que en los feminismos actuales del Perú nos abracemos amorosamente todas de todas las edades, enunciándonos con respeto intergeneracional y luchando juntas contra el patriarcado que aún está fuertemente atravesado. Un camino en el que las mujeres en su diversidad y momentos distintos de su curso de vida, niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y viejas seamos visibles y enunciadas, aprendiendo y enseñando unas con otras a partir de nuestras trayectorias vitales y experiencias en ellas.

Las viejas y los feminismos en el Perú

Este es el nombre con el que he iniciado mi proceso de indagación por una fuerte intencionalidad en generar procesos de visibilización de las viejas a través de sus propias voces y trayectorias, así como en problematizar los estereotipos y prejuicios arraigados en relación a las viejas en nuestra sociedad, dentro de la cual se sitúan y movilizan (generando movimiento a su vez) los feminismos. Cabe mencionar que, esta intencionalidad está atravesada por una firme posición identitaria y ético-política al ser mujer, hija de migrantes de la sierra central, feminista, trabajadora social, y desarrollar mi praxis —militante— en el campo gerontológico (vejez y envejecimiento). Asimismo, es preciso señalar que enuncio la palabra vieja porque considero que es correcto y reivindicativo, en concordancia con diversos autores y compañerxs del campo gerontológico que sostienen que parte de la palabra vejez, así como joven, de juventud; solo que la sociedad a través de las representaciones sociales construidas y reproducidas ha cargado negativamente la significación de la vejez y, por lo tanto, el viejo y más aún la vieja son vistos como enunciaciones alejadas de lo deseable y considerado “respetable”. Enuncio orgullosamente la palabra vieja porque apuesto por su visibilidad y resignificación.

Son 42 años del movimiento feminista en el Perú (Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, 2004). Un camino que, conforme se ha alargado temporalmente se ha complejizado ontológicamente. Como sostienen las compañeras Eugenia Hermida y Mitzi Duboy en “Ciclando Feminismos. Gestando un Trabajo Social otro”[1] —amoroso espacio de sentipensante conversación—, el feminismo es tan grande, tan vivo y tan complejo, que no entra completo en ningún libro, en ningún dogma, en ningún códice, y con ideas potentes y sentires profundos el feminismo se va hilvanando, tejiendo y en ese proceso está latiendo. El feminismo solo existe en plural, y en esta clave de pluralidad es cambio, transformación y también es radical, porque como afirma Roxana Vásquez, mira todo desde su raíz misma[2].

Como afirman las compañeras que organizaron la celebración y conmemoración por los 25 años del feminismo en el Perú, el movimiento feminista ha sido protagonista de los cambios vividos con relación a las mujeres y su situación de exclusión, y así también en la lucha por la democracia. Con el feminismo, se ha visibilizado la situación de desigualdad de las mujeres, se ha logrado cambios normativos e institucionales por el reconocimiento de sus derechos, por ejemplo en relación a los derechos sexuales y reproductivos —persistiendo aún grandes brechas y agendas pendientes en ese sentido—, asimismo, se ejerce un rol de incidencia y vigilancia permanente de la vigencia y cumplimiento de los derechos humanos de las mujeres, rol que se extiende a la institucionalidad democrática del Estado y que ha generado un marco en el que es posible una agenda de las mujeres. Relevantes avances, ciertamente. Pero como las compañeras mismas lo señalaran hace 17 años aproximadamente, se consideraba importante recuperar el nivel de coordinación con otras organizaciones de mujeres en su diversidad y otros movimientos, fortalecer el liderazgo de mujeres y que hagan suya la agenda feminista, así como difundir el pensamiento feminista en todo espacio, entre ellos, el académico, el cultural, el juvenil; afirmando que “solo conociéndolo y comprendiéndolo en su transcendencia lograremos nuevas alianzas” (p. 4).

Me detengo a recordar las dinámicas y procesos que he podido conocer a través de mi propio encuentro con los feminismos desde el 2010, siendo estudiante universitaria. Definitivamente, el movimiento feminista hoy está conformado por más mujeres en su hermosa y compleja diversidad: mujeres rurales y urbanas, lideresas de pueblos y comunidades originarias, jóvenes y adolescentes que hoy cocrean sus espacios feministas propios, mujeres afrodescendientes, mujeres migrantes, coordinadoras de ollas comunes, dirigentas de territorios, jóvenes universitarias, niñas que ya son parte de talleres y espacios abiertos que las convocan en clave feminista, personas LGTBIQ+ que enuncian y visibilizan las disidencias que son parte de la diversidad sexual para el reconocimiento de sus derechos, defensoras ambientales, mujeres con discapacidad; en suma, colectivas diversas que hoy, aún en una sociedad con narrativas y prácticas machistas y sexistas, dan su voz de protesta y propuesta.

Definitivamente, hoy tenemos un presente más plural; asimismo, un presente en el cual muchas mujeres que iniciaron el camino del movimiento feminista son viejas o, como señala la Ley N°30490, adultas mayores. Sin embargo, conforme me he encontrado más en los feminismos, identificándome y motivándome en este camino, también me he preguntado desde una mirada crítica y en clave etaria ¿Las luchas feministas hoy son con, por y para todas de toda edad?, ¿El edadismo/viejismo nos atraviesa también en los feminismos?, preguntas que han sido disparadoras en mi indagación.

En el Perú, de acuerdo al último reporte del INEI (setiembre, 2021), la población adulta mayor (60+) ocupa el 13% de la población total, representando las mujeres en este grupo etario el 52.4% y sus pares hombres, el 47.6%. La mayor proporcionalidad de mujeres viejas se produce por la feminización de la vejez que, de acuerdo a Navarro (2019, p. 45) desde un punto de vista demográfico constituye un desafío para pensar las relaciones entre los géneros en este momento del curso vital (la vejez) a razón de que al impactante fenómeno del envejecimiento poblacional se le agrega la superación constante y creciente de las edades límite de la vida humana que conforma en su gran mayoría un asunto de mujeres.

En este transitar aún muy inicial he podido entrevistar a algunas compañeras a quienes respeto, agradezco y aprecio mucho por sus trayectorias y aportes a la construcción de un Perú con más igualdad de género y justicia social; mujeres jóvenes, adultas y viejas (en realidad solo una vieja, espero dialogar con muchas más). A continuación, compartiré algunas perspectivas y reflexiones con base en las respuestas que han dado a mis preguntas.

¿Cómo están viviendo - envejeciendo las mujeres en el Perú?

Entendiendo que el envejecimiento es un proceso que inicia desde que nacemos, por lo que vivir es igual a envejecer, partí con esta pregunta para conocer desde sus propios lugares de enunciación cómo perciben ellas que las mujeres estamos envejeciendo en el país.

Evidentemente, la desigualdad de género está atravesada a lo largo de la vida de las mujeres en el Perú. Como se señala en la Política Nacional de Juventud (2019), esta situación es un grave problema que afecta principalmente a las mujeres e influye de manera negativa en su desarrollo, limitando el ejercicio de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales. Las mujeres en su diversidad se encuentran en una situación de vulnerabilidad y sumergidas en un contexto de relaciones desiguales en comparación con sus pares hombres en los distintos aspectos de la vida económica y social (SENAJU, 2020, p. 9), y así las mujeres peruanas todavía se encuentran dentro de los grupos tradicionalmente excluidos.

En relación a las brechas de género identificadas a lo largo del curso de vida de las mujeres, la Política Nacional de Igualdad de Género (2019) presenta cuatro dimensiones que conforman estas brechas: la desigualdad de acceso a servicios de salud, la desigualdad educativa, la desigualdad en el acceso, control y uso de las tecnologías de comunicación e información (TICS), y la desigualdad económica. A pesar de los relevantes avances en términos de reconocimiento de derechos de las mujeres, aún persisten brechas en relación a la transversalización de la Educación Sexual Integral (ESI) para el reconocimiento efectivo de los Derechos Sexuales y Reproductivos (DDSSyRR); asimismo, la violencia sexual y las brechas en relación a la interrupción del embarazo; de la misma manera, la atención adecuada durante el embarazo, parto y posparto (además persisten casos de violencia obstétrica); adicionalmente, la inequidad de roles en las tareas domésticas y de cuidados en el hogar, las inequidades en remuneración; así como las brechas en participación política.

Por lo anterior, se considera en concordancia con la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres (2015), que la violencia hacia nosotras además de ser estructural es continua porque está presente a lo largo de nuestro curso de vida y se despliega en los diversos espacios en que nos desenvolvemos, teniendo un origen y desarrollo histórico. Tanto niñas, como adolescentes, jóvenes, adultas y viejas experimentamos diferentes formas de violencias. Entre ellas, por ejemplo, el limitado acceso a la educación y así mayor proporcionalidad de analfabetismo, el limitado y no adecuado acceso a los servicios de salud y seguridad social (pensiones), la dependencia económica, la pobreza multidimensional, la carga de cuidados sobre “otros” y el trabajo doméstico, a nivel cultural los patrones hegemónicos de los “cuerpos y estéticas deseables”, y en suma, múltiples violencias que se han venido naturalizando en la cotidianidad.

Como podemos ver a continuación, estas brechas y violencias a lo largo del curso de vida de las mujeres se tienden a acumular en la vejez, y así las vejeces femeninas en el Perú, siendo más longevas viven aún en condiciones de mayor precariedad y derechos no reconocidos.

Cabe precisar que, enuncio la vejez en plural como vejeces a razón de la diversidad de situaciones de vejez en las que viven las personas adultas mayores, diversidad que hoy aún se cristaliza en desigualdad.

A modo de síntesis en relación a las perspectivas compartidas por las compañeras entrevistadas:

La vejez no es valorada socialmente, siendo muy abandonada por la familia y por el Estado; y, por ende no hay cultura de recuperación de saberes ancestrales de las mujeres que hoy son mayores. La vejez de las mujeres se suma a otros sistemas de dominación y discriminación, a razón de que está socialmente estereotipada y marginada, y esto se debe también porque los sistemas de protección social no son universales, de calidad y con enfoque de género. Esta es una etapa marcada por muchos prejuicios y estereotipos producto del sistema kapitalista[3], colonial y patriarcal.

Con estas perspectivas y la evidencia identificada, podemos reafirmar la arraigada existencia de viejismos (discriminación por edad en la vejez) sexistas y machistas; y, como señala Mónica Navarro, que el patriarcado está atravesado en la vida de las viejas.

A continuación, presento algunos ejemplos de viejismos sexistas y machistas presentes y cristalizados en el día a día de la vida de las viejas.

Temas de trabajo e incidencia política de organizaciones e instituciones feministas

Además de conocer desde mi propia experiencia los temas de trabajo e incidencia política de organizaciones e instituciones — como ONG— feministas de nuestro país, me parece sumamente importante conocer más acerca de ellos desde las voces de las protagonistas: las compañeras del movimiento feminista; de acuerdo con la relevancia de todos los esfuerzos y logros que se han tenido en este camino por la garantía del reconocimiento de derechos de las mujeres.

A continuación presento los temas de trabajo e incidencia política manifestados por las compañeras que, como se podrá visualizar, son amplios y específicos a su vez, diversos y enmarcados en la complejidad:

  • Prevención de violencia de género
  • Acceso de justicia a mujeres y diversidades LGTBIQ+
  • Esterilizaciones forzadas ocasionadas en la dictadura fujimontesinista
  • Promoción de la igualdad de género y derechos humanos de las mujeres
  • Derechos sexuales y reproductivos
  • Educación sexual integral (ESI)
  • Violencia sexual durante el conflicto armado interno
  • Enfoque de género en las políticas públicas y la gestión pública, y su transversalización.

Con esta gráfica puedo resumir lo que expresaron las compañeras, concluyendo que todos estos temas (sumamente relevantes) están enmarcados preponderantemente en las niñas y mujeres “en edad reproductiva”, quedando la cuestión social de las viejas fuera del foco de indagación y acción.

¿Las organizaciones/instituciones feministas se relacionan con mujeres adultas mayores?

Considero que es una interrogante muy importante en tanto que nos permite conocer si las organizaciones e instituciones feministas hoy se están vinculando con mujeres adultas mayores en su praxis cotidiano y si es así, en qué tipo de dinámicas y cuáles son los roles ocupados por ellas. En ese sentido, en la indagación que estoy realizando he podido evidenciar preliminarmente que estos espacios sí se relacionan con viejas activas en la comunidad y que ocupan roles muy importantes para el cambio y la justicia social, como se puede visualizar en la siguiente gráfica.

De lo anterior se identifica que las viejas están presentes en las luchas feministas del Perú, contribuyendo sustancialmente a la gran apuesta por la igualdad de género y el reconocimiento de derechos de las mujeres, defendiendo en primera línea la vida y dignidad de las personas en tiempos de pandemia al ejercer roles de coordinación de ollas comunes y dirigencias territoriales, entre otros. Sin embargo, como afirma una de las compañeras, la cuestión social de las viejas como tal no está presente, no se ve, no se enuncia:

«La situación de las mujeres adultas mayores aún no está extendida y priman otras agendas. Las adultas mayores del movimiento no lo colocan como una lucha de todas y las más jóvenes no lo ven como prioridad.»

(R. García, activista feminista)

Por ello, al preguntarles de manera explícita si la situación de las mujeres adultas mayores en su diversidad está incorporada como tema de agenda en el movimiento, la respuesta al unísono fue “no”, acompañando a esta respuesta los siguientes argumentos:

  • Hay otras agendas priorizadas a razón de que la violencia contra las mujeres adultas mayores no se considera como un tema dentro de las propuestas estratégicas feministas.
  • Existe poca investigación sobre el tema.
  • Los prejuicios sociales sobre la vejez están presentes también en el movimiento (y también desde las propias adultas mayores del movimiento).

Evidenciándose así este círculo vicioso:

He aquí un gran desafío en relación a la investigación e incidencia política de los/as profesionales[4] y activistas del campo gerontológico pero también desde los/as profesionales y activistas de los estudios de género y diversidades. Asimismo, nos lleva a pensarnos y reconocernos como mujeres envejecientes (viejas del mañana) y viejas de hoy para alzar nuestras voces y apostar por la ruptura de estereotipos y prejuicios sociales en relación a las vejeces. Del mismo modo, será importante reconocer los aportes de nuestras ancestras que, sin llamarse feministas necesariamente han luchado desde su día a día por romper patrones hegemónicos impuestos en la vida de las mujeres.

Adicionalmente, teniendo conocimiento de que hoy las compañeras que hace más de cuarenta años impulsaron la lucha feminista en nuestro país son adultas mayores, me parece importante indagar acerca de la existencia de brechas generacionales en el movimiento feminista. Al entrevistar a las compañeras, entré al tema con estas preguntas:

¿Existen brechas generacionales entre las mujeres de los feminismos? Y si las hay, ¿A qué se deben?

A esta interrogante, la respuesta al unísono que dieron las compañeras fue “sí”, agregando a esta respuesta los argumentos vistos en la siguiente gráfica:

Uno de los argumentos sostenidos por todas fue el de las dispuestas de poder entre las jóvenes y las viejas, cuestión que de hecho, enmarca los otros argumentos. Con estas tensiones evidentemente existe una barrera entre quienes son más jóvenes y quienes son más mayores en el movimiento feminista, en contraposición a relaciones de respeto y sororidad intergeneracional que particularmente considero viables de construir, más aun cuando hay la intencionalidad y el deseo de querer vivir una vejez digna, libre, sin estereotipos ni prejuicios que nos limiten y anulen autonomía, como lo manifestaron también las compañeras a quienes he podido entrevistar.

Además, considero relevante conocer acerca de los temas más prioritarios —que se deberían tratar— en relación a la situación de las viejas desde la voz de las compañeras que hoy se encuentran en el movimiento feminista y generan desde ahí apuestas y procesos de cambio en el Perú. Y como respuesta a esta interrogante encontré temas que también considero muy importantes y que se enmarcan —y pueden ser desarrollados— en una perspectiva de curso de vida que a su vez se intersecciona una serie de enfoques que profundizan sobre las situaciones de discriminación y violencias múltiples que viven las mujeres.

Resumo los temas que proponen las compañeras en la siguiente gráfica, en la cual uso como fondo una fotografía que perpetúa una hermosa actividad intergeneracional realizada en el Centro de Lima para la promoción de la igualdad de género[5], organizada por Demus – Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer.

Como se puede visualizar, son temas muy relevantes para la garantía de reconocimiento de derechos de las mujeres adultas mayores que viven diversas violencias en la cotidianidad dentro de la vida familiar, en su barrio o comunidad, en ámbitos institucionales como los centros de salud, centros de atención residencial, entre otros; así como por parte del Estado. Cabe mencionar al respecto que aún persiste una gran barrera en relación a la atención en salud sexual y reproductiva para y con las viejas a causa del mito de asexualidad en la vejez; como señala Navarro (2019, p. 55) “¿Qué sucede cuando los cuerpos de las mujeres ya no tienen la capacidad reproductiva? ¿O, cuando ni siquiera han deseado reproducirse?” Generalmente son situados fuera de este campo de la salud, sin reconocer que sus cuerpos desean, sienten; son vivos y vivientes.

Asimismo, es importante garantizar la cobertura y atención en la salud de las viejas para el tratamiento y prevención porque son ellas de acuerdo a las estadísticas quienes viven con más enfermedades crónicas; existe un gran desafío para que sus vidas sean viables, como sostiene Judith Butler. Del mismo modo, el tema de la seguridad social y pensiones es importante porque muchas mujeres no tienen pensión y si lo tienen es mucho menor al de sus pares hombres, en tanto que muchas mujeres adultas mayores en su juventud y adultez no tuvieron acceso a trabajos estables a razón de su limitado o nulo acceso a la educación (formal) o, aun teniendo estudios decidieron “no trabajar” para cuidar a sus hijos/as y hacerse cargo de los quehaceres en casa. He aquí un gran desafío que también conlleva la ruptura con los discursos que despolitizan las relaciones establecidas en el ámbito de lo privado, específicamente lo doméstico que ha sido caracterizado culturalmente como femenino y custodiado por el modelo patriarcal (Navarro, 2019, p. 56).

En suma, encontramos múltiples violencias (también simbólicas) y discriminaciones que viven las viejas, habiendo sido acumuladas en su curso de vida y/o agudizadas hoy por su edad; situaciones estructurales que conllevan cambios estructurales que se podrán lograr con la aprobación e implementación de políticas y normas jurídicas que apunten a cambios de raíz en lo social, siendo una de ellas por ejemplo la política nacional de cuidados, la cual está actualmente está siendo diseñada.

Finalmente, a la interrogante ¿Cómo podría incorporarse en la agenda del movimiento feminista la/s situación/es de las viejas?, las dos palabras clave que identifiqué en las respuestas que me dieron las compañeras fue: visibilizar y promover. Ellas manifestaron que se podría comenzar a visibilizar dentro del movimiento la importancia de espacios de diálogo, debate e incidencia en los que las viejas propongan los temas a tratar en relación a su situación y demandas. Asimismo, sostuvieron que sería importante abrir espacios de reflexión en los que las generaciones más jóvenes se reconozcan en su futura vejez. Entiendo aquí la consigna de visibilizar para que sea una realidad enunciada y hecha.

Por otra parte, en relación a las acciones de promoción se refirieron a promover un (mayor) acercamiento a las organizaciones y espacios de mujeres adultas mayores; asimismo, promover espacios feministas que convoquen y trabajen proyectos con mujeres adultas mayores; y, comenzar a romper tabúes respecto de la vejez que están arraigados en el movimiento, sobre lo cual entiendo que hay una intencionalidad de iniciar procesos de deconstrucción de paradigmas de la vejez, algo que me da mucha esperanza.

A modo de cierre (del artículo, mas no de la indagación), les quiero compartir una breve reflexión final plasmada en este gráfico que está acompañado de la fotografía de una mujer adulta mayor a la que aprecio mucho, de la sierra central del Perú, quechuahablante y que en ese preciso instante estaba haciendo su ritual de pago a la tierra.

Quiero expresar mi agradecimiento a las compañeras de Demus – Estudio para la Defensa de los Derechos de la Mujer, asimismo, del Comité Ana Tallada, y del Colectivo Feministas en el Estado, que fueron parte de este primer paso de mi indagación. Gracias totales por su predisposición y sororidad.

Fuentes de referencia:

Calderón, R. (2021). “Situación de la persona adulta mayor”. Informe Técnico N°3 Abril-Mayo-Junio de 2021. Instituto Nacional de Estadísticas e Informática. https://bit.ly/3wrgeXO

Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán. (2004). 25 Años de Feminismo en el Perú: Historia, confluencias y perspectivas. Elaborado en el marco de la organización de un Seminario Nacional. https://bit.ly/3l9Pl6j

Decreto Supremo N° 007-2018-MIMP, 26 de agosto de 2018, que aprueba el Reglamento de la Ley N°30490 Ley de la Persona Adulta Mayor. Diario Oficial El Peruano. https://bit.ly/3zPUxkc

Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables. (2019). Política Nacional de Igualdad de Género. https://bit.ly/3G6Qvrt

Museo Malba. (Octubre de 2020). Presentación de libro "Feminismos. Debates pendientes" [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=WeY2pDZGva4&t=1135s

Navarro, M. (2019). Viejas en el género. En Danel, P. y Navarro, M. (Comp.), La Gerontología será feminista (pp. 43-69). Fundación La Hendija.

Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres. (2015). El continuo de violencia hacia las mujeres y la creación de nuevos imaginarios. https://bit.ly/3re9SKD

Secretaría Nacional de Juventud del Ministerio de Educación. (2019). Política Nacional de Juventud. Impresión Arte Perú S.A.C. https://bit.ly/3cRBVqW

Secretaría Nacional de Juventud del Ministerio de Educación. (2020). Brechas de género y generación. https://bit.ly/315No3T

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[1] Espacio transmitido en Facebook y Spotify de manera mensual en cada luna llena.
[2] Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán, 2004, p. 3.
[3] Cabe precisar que, la compañera que enunció “kapitalista” con k lo hizo porque quiso hacer visible simbólicamente (en dicha palabra) que el capitalismo en su máxima expresión en nuestro país se instauró y “hegemonizó” con el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori (1990-2000) y que en la actualidad su hija Keiko Fujimori (he ahí la razón del uso de la k) lo pretende perpetuar a través de sus acciones políticas.
[4] Me refiero a profesionales de la ciencia y disciplina que sea, como el Trabajo Social en ejercicio en distintos espacios de trabajo, tales como la academia, la gestión pública, servicios sociales, entre otros.
[5] La actividad fue una jornada de muralización por la #IgualdadDeGéneroYa en los alrededores de la Plaza San Martín, donde las/os participantes pintaron, volantearon, arengaron y distribuyeron información sobre lo que es la igualdad de género, así como la necesidad de su implementación para que niñas, mujeres y personas LGTBIQ+ no sufran más violencias. Fuente: https://www.facebook.com/DemusPeru

Haydee Chamorro GarcíaTrabajadora Social, egresada de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Diplomada en Gerontología Social, por la Pontificia Universidad Católica del Perú; en Gestión Pública, por la Escuela Nacional de Administración Pública; y, en Derechos Humanos (con mención en Participación Social), por la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.
Con estudios en género, derechos humanos, vejez, servicios gerontológicos, y enfoque territorial para la gestión pública.  
Directora de Responsabilidad Social en Conexión Adulto Mayor, emprendimiento social que ofrece consultorías en el campo gerontológico y desarrolla proyectos sociales bajo las perspectivas de derechos humanos e interseccionalidad. Integrante del colectivo ciudadano “Mesa de Concertación sobre Personas Adultas Mayores”. Integrante del Grupo de Trabajo “Envejecimiento con dignidad” de la Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza.Integrante de la Red Latinoamericana de docentes y profesionales de Trabajo Social que se desempeñan en el campo Gerontológico – RedGeTS.
Consultora en gestión y asesoría técnica de servicios públicos para personas adultas mayores, e investigadora en el campo de la gerontología social, en temas de roles sociales, participación social y política, y discriminación en la vejez.