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Argentina

Norberto Alayón

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En 1985, hace ya 36 años, escribí el siguiente texto con algunas consideraciones que apuntaban a caracterizar la profesión de Trabajo Social. Lo transcribo textualmente, en el intento de contribuir a reflexionar acerca del accionar de las y los trabajadores sociales en esta época, observando que, aún hoy, en sus aspectos centrales mantiene una significativa vigencia.

“El Trabajo Social, como cualquier otra disciplina, no constituye una categoría abstracta, que funciona independientemente de las determinaciones histórico sociales, que se registran en tal o cual país en un periodo determinado.

El Trabajo Social no puede explicarse solamente desde sí mismo. Las profesiones no pueden definirse desde ellas mismas, sino por la función que cumplen en un orden social determinado.

Dentro de un mismo país, ¿habrán sido iguales las alternativas de desempeño del Trabajo Social en Chile, antes o después de 1973? ¿O en Cuba, antes o después de 1959? ¿O en la Argentina, antes o después de 1976? ¿O en Nicaragua, antes o después de 1979? ¿O en Uruguay, antes o después de 1973?

¿Y para el mismo año, en países distintos? En 1985, ¿será el mismo el Trabajo Social en Chile y en Nicaragua? ¿O en Haití y en Cuba? ¿O en El Salvador y en Paraguay?

Aunque suene a perogrullada, conviene recordar que la práctica y el desarrollo del Trabajo Social requiere ser considerado en el contexto de los procesos económicos y políticos vigentes.

De ahí que el emparentamiento del Trabajo Social con el funcionamiento y características de la sociedad en su conjunto y los procesos históricos, constituye una variable inexcusable para entender el por qué, el cómo y el para qué de nuestra profesión.

Es necesario interpretar la problemática teórica y práctica del Trabajo Social, desde el ángulo mayor del carácter y los fines del Estado y no -como casi tradicionalmente ha sucedido- partiendo meramente de la profesión en sí, como si se tratara de un espacio totalmente autónomo y prescindente de las orientaciones generales.

Esto no pretende negar, obviamente, la existencia de particularidades intrínsecas y específicas de la profesión de Trabajo Social. Tiende sí a alertar sobre desviaciones reduccionistas y auto centradas, muchas veces originadas en la inseguridad o bien directamente en posiciones conservadoras, que desean un Trabajo Social "incontaminado", o bien un Trabajo Social que opere como centro a partir del cual se insertarían el resto de categorías y la propia realidad social. El proceso es básicamente a la inversa, aunque reconocemos la presencia de una dinámica dual.

Es cierto también que el solo análisis de los condicionantes estructurales y coyunturales sobre las profesiones, no despeja acabadamente las particularidades de cada disciplina.

Cabe reconocer que también, en el propio desarrollo histórico de la profesión, se registraron desviaciones por parte de quienes -desde la óptica de sobrevalorar la dimensión ideológico-política- menoscababan los aspectos operativos de la profesión.

Pero ambas desviaciones, aunque merecedoras de legítimo cuestionamiento, son de distinta magnitud y perniciosidad. Quien olvida de adentrarse en la especificidad del Trabajo Social, habrá de pecar de discurso estéril para el propio desarrollo de la profesión. Pero quien, ingenua o reaccionariamente, se aleja de la comprensión adecuada de la función que predominantemente ha venido cumpliendo el Trabajo Social, seguramente desarrollará una práctica ya no estéril, sino cabalmente funcional a las necesidades de un sistema injusto, basado en la dominación.

Existen dos dimensiones, interrelacionadas, que requieren hábil e inteligente fusión por parte de los trabajadores sociales: la dimensión ideológico-política y la dimensión profesional. Ambas son necesarias, pero la historia del Trabajo Social nos indica que se pecó más en cuanto a la incomprensión de la dimensión ideológico- política, y es por ello que entendemos que debe ser recordada y reforzada permanentemente para neutralizar las interpretaciones ingenuas, que reafloran fortalecidamente en los períodos de atraso y retroceso social.

¿Un trabajador social latinoamericano puede creer que nada tiene que ver con el ejercicio de nuestra profesión, la existencia de la hegemonía externa sobre nuestros estados? La dependencia, es decir la ausencia de actuación soberana: ¿incidirá en algo en el Trabajo Social, cuando por ejemplo dependemos del Fondo Monetario Internacional para establecer cuál va a ser el salario de nuestros trabajadores? ¿Y al aumentar la problemática social, a causa de salarios insuficientes y de desempleados, no le compete al Trabajo Social entender estas causales, teniendo en cuenta que nosotros trabajamos sobre los problemas sociales de los sectores populares?

Como dice el uruguayo Eduardo Galeano, "nuestros países se vuelven ecos y van perdiendo la propia voz". Desde todos los espacios, incluido -por supuesto- el profesional, tendremos que pensar y actuar, buscando las maneras, aunque sean modestas, de poder contribuir a recuperar nuestra autonomía de voz y para siempre.

Pero para ello, aunque el aporte llegue a ser sencillo y exento de omnipotencia, es imprescindible identificar las verdaderas causas de la situación que padecemos.

No debería existir ningún trabajador social que no tuviera clara conciencia de la ausencia de independencia que sufrimos. Y esto sin pretender dirigir al trabajador social hacia la política partidaria directamente, sino porque resulta imprescindible para entender lúcidamente la propia práctica profesional.

Por todo ello, cuando pensamos en la necesidad de fortalecer la formación de los trabajadores sociales, actualizando y profundizando la currícula de estudio, también nos acordamos de José Hernández, quien en boca de "Martín Fierro" decía: "Hay hombres que de su cencia (sic) tienen la cabeza llena; hay sabios de todas menas, más digo sin ser muy ducho, es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas".

Y esto no por afán de barbarismo, inducción a no estudiar o torpe negativa de la necesaria perspectiva académica y científica, sino porque es vital el entendimiento de que muchas veces se nos enseñó (y otras tantas habremos enseñando nosotros mismos) una cantidad de conocimientos erróneos (para no decir falseados) y otros estériles o innecesarios, que enmascaraban y velaban la clave comprensión de nuestra propia realidad. Y no nos explayamos más sobre esto, pero que por lo menos nos queden tintineando por ahí, esas cuestiones de la "colonización pedagógica" y de la "dependencia cultural" y los nombres de los argentinos Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz.

Aunque ligeramente alguien pudiera suponerlo, no abogamos, de ninguna manera, por la parálisis profesional, pero tampoco por la zoncera, ni mucho menos por la complicidad.

Señalamos que la presente crisis económica internacional que exporta a los países subdesarrollados la “novedad” de las abultadas deudas externas, que vienen a contribuir a paliar los déficits de las potencias imperiales, contrae la expansión económica de nuestros países, y dificulta el crecimiento de políticas sociales acordes a las necesidades, por otra parte, crecientes, de los sectores populares.

Ya no resulta asombroso para nadie, reconocer que esta perversa situación compromete el presente y el futuro de la nación, pero especialmente afectará en tanto se mantengan las bases de nuestro funcionamiento social- a los sectores menos privilegiados de la sociedad, que son precisamente aquellos con los cuales trabaja nuestra profesión.

De esta manera, podremos verificar la presencia de determinadas circunstancias que consignaremos a continuación:

- Estamos en presencia de una creciente pauperización, con indicadores verdaderamente alarmantes.

- Ante ello, suponemos que se registrará un aumento de la demanda de los sectores populares, en pos de sus legítimas reivindicaciones.

- Asimismo, un crecimiento de movimientos sociales que aglutinen y organicen los reclamos populares.

- Observamos la imposibilidad de nuestros Estados de concurrir simultáneamente a pagar deudas e intereses y acudir a la atención de las necesidades sociales del conjunto de la sociedad.

- Creemos que se tendrá que convocar la decisión y/o asunción colectiva para atender uno u otro de los polos en cuestión.

- Inferimos que para cualquiera de estas alternativas, es probable que estemos en vísperas de un reacomodamiento significativo del quehacer del Trabajo Social.

Pensar en promoción y educación con contracción de políticas sociales, sin atender las urgentes demandas materiales, nos puede transformar a los trabajadores sociales en observadores estériles de la miseria ajena.

Reflexionar en la alternativa de que la conflictiva ecuación se resuelva en la perspectiva del interés del pueblo en su conjunto (opción intrínseca a la vocación y objetivos del Trabajo Social) nos llevará a introducirnos -desde el campo profesional- a contribuir en la construcción de un orden social, político y económico, por lo menos no igual al actual.

En cualquier caso, la agudeza de la crisis actual y le perentoriedad de acudir a la atención de sus efectos, seguramente generará en nuestra profesión la necesidad de adecuar alternativas, la necesidad de repensar los objetivos profesionales y seguramente también la necesidad de ensayar propuestas metodológicas acordes a las nuevas exigencias.

Cualquiera puede comprobar -hoy- que los derechos para toda a población a la salud, a la educación, a la vivienda, etc., teóricamente reconocidos como inalienables, se hallan virtualmente abolidos. Sólo la mala intención o la imaginación cándida de los voluntaristas, puede desconocer esta cruel realidad que patentiza la ausencia de justicia social.

Entre las necesidades sociales y los recursos que se asignan para atender a las mismas, existe una enorme brecha que -además- tiende a ensancharse progresivamente.

El Trabajo Social debe estar en condiciones, entonces, de reconocer en los determinantes estructurales y coyunturales, los elementos que caracterizan la realidad social; del mismo modo que podrá identificar con mayor nitidez las limitaciones, pero también los alcances y posibilidades del quehacer profesional.

La circunstancia de identificar las causas de las dificultades por las que atraviesan los sectores populares, resulta imprescindible para perfilar nuestra labor -a la par de neutralizar las concepciones ingenuas- en una perspectiva cada vez más científica y acorde a los requerimientos y necesidades de los grupos vulnerados.

Entendemos que en esta particular época de crisis, nuestro objetivo debe ser desde las instituciones de bienestar social o desde otras modalidades profesionales- acompañar activamente a los sectores populares en la resolución de sus necesidades y en la contribución al fortalecimiento de sus organizaciones.

A diferencia de algunos sectores de colegas que abominan de la práctica asistencial (que diferenciamos de la práctica asistencialista) en aras de un supuesto perfeccionamiento profesional, creemos que el Trabajo Social debe acrecentar la labor asistencial como eje articulador de un proceso de promoción, educación social y organización.

El Trabajo Social debe acompañar y apuntalar las demandas populares, en la búsqueda de la ampliación de políticas sociales que den respuesta a sus necesidades.

El trabajador social que ha perdido la capacidad de indignación y de rebeldía ante los problemas y las injusticias que padecen los sectores vulnerados, está más cerca de la esterilidad y de la enajenación que del buen desempeño profesional.”

 Mg. Norberto Alayón Profesor Titular Regular en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Argentina donde fue Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales (1998-2002).
Coordinador Académico del Centro Latinoamericano de Trabajo Social – CELATS (1979-1982).
Ex Profesor de las Carreras de Trabajo Social de Posadas, Corrientes y Tandil de Argentina.
Conferencista en Congresos nacionales e internacionales. Autor de numerosos libros, capítulos de libros y artículos sobre Trabajo Social y sobre Derechos de la Infancia.