Perú

Renato Sabogal Silvestre
Setiembre, 2020.

RESUMEN

El objetivo de este artículo es plantear algunas propuestas para repensar el desarrollo desde lo local, considerando la necesidad de promover este debate en el ámbito académico y ciudadano. El texto se basa en la revisión teórica del autor sobre el concepto de desarrollo y algunas reflexiones desde la práctica, a partir de su experiencia como consultor y capacitador en espacios locales, principalmente los vinculados con municipalidades y comunidades en el Perú. En esta línea, el autor plantea que el espacio local es clave para repensar el desarrollo como una alternativa y/o resistencia al impacto de la globalización neoliberal, la cual ha trastocado nuestras estructuras institucionales, relaciones sociales y subjetividades. Las bases conceptuales y operativas para repensar el desarrollo desde lo local se sustentan en el territorio, la cultura local, el protagonismo de la ciudadanía, la intervención planificada, la solidaridad y la creatividad.

Palabras clave

Desarrollo, local, repensar, territorio, proceso

  1. NOTAS SOBRE EL DESARROLLO LOCAL

El desarrollo como categoría socioeconómica está presente, desde la postguerra, en el discurso político, en el ámbito social y, por supuesto, en el ámbito académico. En el plano teórico, al desarrollo le han atribuido muchas conceptualizaciones, variados adjetivos y no pocas profecías. La acepción primigenia de desarrollo se concibió como el camino que debían seguir los países subdesarrollados, para lograr los resultados alcanzados por los países industrializados, fruto del proceso de modernización. De esta manera, se creía que el desarrollo “no es un proceso construido (…), sino un proceso natural sometido a determinadas leyes meta sociales que están referidas a procesos construidos por otros”. (Arocena 2002: 33). Esta concepción, superada en el ámbito académico, lamentablemente sigue siendo determinante en las políticas públicas, tanto en el Perú, como en otros países de Latinoamérica.

Ahora bien, a través de los años, este concepto se ha ampliado significativamente, pasando de esta visión economicista, hacia una concepción multidimensional, con énfasis en la centralidad del ser humano. Actualmente se considera al desarrollo humano sostenible, sus elementos y planteamientos, como el paradigma conceptual de desarrollo vigente.

No obstante, en este proceso de reconfiguración conceptual, el desarrollo ha tenido su variante local, concebida por los especialistas como un enfoque, con sus propios planteamientos y representantes. Según José Arocena, “en los años setenta, particularmente hacia fines de esa década, es que comienza a hablarse de desarrollo local”. (2002: 35). En estos años, el mundo estaba pasando por una profunda crisis económica. Esta coyuntura generó un proceso de reestructuración profunda de la economía, que conllevaba, entre otras consecuencias, al desmantelamiento del Estado de Bienestar. Entonces, las iniciativas de los Estados se orientaron principalmente a paliar los embates de esta crisis. Una de las principales salidas se orientó a movilizar a los desempleados que la crisis arrojaba, a través del fomento de la pequeña empresa y políticas de formación para el empleo. Cabe destacar que, estos antecedentes se refieren principalmente a países industrializados. Sin embargo, posteriormente, este enfoque fue trabajado en los países denominados en vías de desarrollo, con diferentes matices.

Entre los principales aportes de la propuesta de desarrollo local, al debate contemporáneo de desarrollo, destaco los siguientes: la revalorización del territorio como espacio de relaciones y transformaciones, la relación entre cultura y desarrollo, el fomento de la participación ciudadana y la visibilización de la mujer como actor protagónico en la gestión del territorio.

Ahora bien, como marco de referencia para la propuesta del texto, recojo la conceptualización de desarrollo de Eva Fekete, profesora de la Universidad de Miskolc de Hungría. Para ella, debemos pensar en un “modelo alternativo de desarrollo que pretenda satisfacer las necesidades de los ciudadanos, movilizando los recursos locales y controlando, desde lo local, las influencias y apoyos externos”. De esta definición podemos destacar los siguientes aspectos:

  • Modelo alternativo; una propuesta de desarrollo diferenciada del modelo neoliberal.
  • Satisfacción de las necesidades de los ciudadanos; como principio básico para la supervivencia y reproducción social.
  • Movilización de recursos locales; para el logro de un modelo de desarrollo endógeno, con participación protagónica de los actores locales.
  • Control desde lo local de las influencias externas; en la lógica globalizadora, lo local como factor regulador de las consecuencias negativas y receptor de las bondades de este proceso.

Entonces, cuando consideramos al desarrollo (local) en esta línea, lo asumimos como una propuesta alternativa y/o de resistencia al modelo neoliberal, pero aún funcional al sistema o modo de producción capitalista. Es decir, se plantea un modelo de desarrollo desde abajo, con participación protagónica de los actores sociales del territorio y, sobre todo, donde prime la solidaridad sobre la competencia, lo comunitario sobre el individualismo y la sociedad antes que el mercado.

  1. APUNTES PARA REPENSAR EL DESARROLLO DESDE LO LOCAL

Repensar el desarrollo es una tarea que no sólo es competencia académica, es una necesidad, un imperativo contemporáneo para nuestros gobernantes, técnicos y ciudadanos. Sin embargo, ¿Por qué es importante y necesario hacerlo desde lo local? A continuación, planteo algunas ideas, a manera de sustento:

El desarrollo no es crecimiento

Uno de los errores más comunes en la conceptualización de desarrollo, ha sido considerarlo como sinónimo de crecimiento. Aunque ambos son procesos de escala territorial e interdependientes, se refieren a prácticas y contenidos distintos. El primero, desarrollo contiene en sí mismo aspectos intangibles, teleológicos y subjetivos. Por otro lado, el crecimiento, apunta principalmente a consideraciones instrumentales de carácter material. (Boisier 2003: 3). De esta manera, es necesario reconocer la diferencia y, a la vez, complementariedad de estos dos conceptos, para resistir de manera crítica a los embates del neoliberalismo.

En el Perú este discurso no es casual, está “institucionalizado”. Políticos, comunicadores, funcionarios y muchos ciudadanos creen y fomentan esta concepción. El modelo neoliberal ha triunfado en nuestras estructuras y subjetividades. El mercado se prioriza antes que la sociedad, la economía antes que el medio ambiente, el individuo por encima de la comunidad. 30 años de neoliberalismo han calado fuerte en nuestra institucionalidad, han debilitado fuertemente la organización social y, sobre todo, la confianza mutua. Algo tenemos que hacer.

El desarrollo no es el resultado natural del crecimiento económico

Más de setenta años de pensar y hacer el desarrollo alrededor del mundo, demuestran que esta concepción es inútil, que el desarrollo no es consecuencia directa y mecánica del crecimiento de una economía. Lamentablemente, esta idea sigue influyendo en el diseño y práctica de las políticas públicas, las cuáles se sustentan en la necesidad de promover un crecimiento sostenido de la economía. Entonces, fruto de este crecimiento, se generarían, progresivamente, cambios sustanciales en la sociedad, es decir, la política del goteo. ¿Ha funcionado? ¿Está funcionando actualmente? ¿Qué podemos hacer? En primer lugar, seguir cuestionando esta proposición. En segundo lugar, hay que destacar experiencias exitosas que rompen con este molde, como es el caso de Villa el Salvador, distrito reconocido por su modelo de desarrollo autogestionario, teniendo como actores claves a la CUAVES[1] en la década de los setenta y al gobierno local[2], en la década de los ochenta.

El desarrollo es multidimensional

Procesos críticos como el deterioro ambiental o coyunturas de emergencia, tal es el caso de la actual pandemia por el COVID-19, nos obligan a pensar que el desarrollo no puede seguir encausado de manera mecánica desde una visión economicista, urge pensar en alternativas creativas y una apertura a más variables en el análisis y práctica del tema, tales como; la cultura, el enfoque de género, la política y el propio medio ambiente. Afianzar este discurso es complejo, porque las resistencias no son académicas, aun cuando se presenten “disfrazadas” de tal manera, el rechazo a la multimensionalidad del desarrollo se sustenta en intereses económicos, de grandes empresas, de los grupos de poder que proponen la agenda política y definen los lineamientos económicos de nuestros países.

El desarrollo es territorial ¿sino dónde?

La “materialización del desarrollo”, necesariamente, tiene que realizarse en un espacio determinado. Este espacio no es sólo un recorte de la superficie terrestre, sino que denota la existencia de actividades de mayor complejidad; asentamientos humanos, sistemas de transporte, sentido de comunidad, organización político - administrativa, es decir, las acciones promotoras de desarrollo se dan en un territorio organizado y equipado (Boisier 2001: 6) o en proceso de organización y equipamiento. En el territorio, en la escala micro, en el mundo de la cotidianidad, es donde los actores sociales (individuales y colectivos) crean y recrean sus vidas, es el lugar donde “hacen historia… a pesar de que las circunstancias no son elegidas por ellos mismos”[3].

A nivel de demarcación territorial, tomando el caso peruano como ejemplo, el desarrollo como propuesta de resistencia local se puede promover desde el ámbito municipal, con el gobierno local como promotor y a la ciudadanía como actor clave para pensar y construir alternativas.

El desarrollo es un proceso

Para repensar el desarrollo, definitivamente debemos tener una visión procesal. Ahora bien, esta visión de proceso no implica la reproducción mecánica, como leyes naturales, del proceso de modernización de las naciones industrializadas. Es una apuesta particular, una construcción colectiva, con lógica territorial y amplia participación los actores locales. Esta concepción nos invita a pensar en “muchos desarrollos”, en diferentes maneras de pensarlo y construirlo.

En esta línea, cualquier territorio organizado, una comunidad, por ejemplo, tiene que plantearse sus propios objetivos y construirlos de manera conjunta y paulatina. El progreso material y social no es algo inmediato. Desde lo local se requiere de creatividad, paciencia, mucho esfuerzo y solidaridad. Asimismo, es fundamental articular este proceso con los diferentes niveles de organización territorial, en el caso del Perú, con los diferentes niveles de gobierno, para articular políticas y canalizar recursos. Por otro lado, también es fundamental considerar los procesos globales, sobre todo los vinculados con la tecnología y el pensamiento.

El desarrollo también es una política

Desde esta postura se debe concebir el desarrollo no sólo como un proceso, sino también como una política. Entender el desarrollo como una política, involucra concebir y actuar de manera deliberada en busca de objetivos concretos, que busquen mejorar las condiciones de vida de nuestras sociedades. Pensar el desarrollo de esta manera, invita a considerar la importancia de la institucionalidad estatal y los diferentes instrumentos que la sustentan. Por ejemplo, esta institucionalidad estatal estaría representada por el gobierno local y entre sus instrumentos de política de desarrollo se destacan: planes, reglamentos y ordenanzas. Todos ellos, en el modelo ideal, elaborados con aporte y protagonismo de la población.

El desarrollo es intencional y no intencional

El desarrollo como política es de corte intencional, sin embargo, como proceso, no sólo incluye acciones intencionales, sino también un cúmulo de comportamientos no intencionales que tienen consecuencias no previstas, las cuáles influyen en la reproducción y transformación de la vida social. (Giddens 1995: 45). En otras palabras, todos los efectos no siempre corresponden a las acciones planificadas y/o ejecutadas. Por ejemplo, la evaluación de los planes de largo plazo nos permite identificar los resultados de nuestra intervención, pero también nos presentan un conjunto de resultados que no están asociados con la acción planificada, lo cual demuestra la complejidad de los procesos sociales y los altos niveles de incertidumbre cuando se trabaja con y para los seres humanos. Esta consideración no es irrelevante, planteo que debe ser, como mínimo, analizada en los procesos de planeación, tanto a nivel operativo como prospectivo.

La cultura y su relación con el desarrollo

Un aspecto clave en la propuesta de repensar el desarrollo es su asociación con la cultura local. En este esquema relacional, las propuestas de desarrollo deben responder a la producción material e inmaterial de una determinada sociedad, sin imposiciones ni modelos homogeneizantes. Cada pueblo debe decidir y construir lo que considera válido como desarrollo, pero sin desconocer el contexto macro y el proceso de globalización.

En esta línea, no quiero perder la oportunidad de hablar de nuestros hermanos indígenas amazónicos. Los pobladores originarios de la Amazonía peruana tienen una visión particular del desarrollo, además, las normas internacionales y nacionales les amparan para decidir, entre otros, sobre su futuro, el cual está íntimamente ligado con su territorio, con su espacio local de relaciones e interacciones entre humanos, y entre ellos y su medio ambiente.

La participación ciudadana en los procesos de desarrollo

En Latinoamérica, y particularmente en el Perú, la participación ciudadana ha tenido vital importancia en los procesos locales de desarrollo, en algunos casos de manera protagónica. En esta línea, considerando sus límites y posibilidades, se plantea la necesidad de revalorarla y promoverla contextualmente desde el espacio local, considerando la necesidad de articular al gobierno local con la sociedad civil como actores dialogantes y propositivos.

No obstante, es importante destacar que la participación ciudadana está en crisis, o tal vez la forma idealizada que tenemos de participación ciudadana. En el Perú los procesos participativos, a nivel local y regional, son cada vez más débiles, con limitada concurrencia y/o escasa legitimidad de los representantes ciudadanos. Entonces, ¿qué podemos hacer? En resumen, planteo lo siguiente: 1. superar el romanticismo de la participación ciudadana de los ochenta, el contexto y los actores han cambiado. 2. Desmitificar la pobreza como embrionaria de la participación ciudadana. Es decir, no hay una relación directa entre ser pobre y participar más. 3. Reconocer, valorar y aprovechar la diversidad territorial y cultural. 4. Promover la equidad de género en los procesos participativos, tanto en la toma de decisiones como en la representatividad de los cargos. 5. Inclusión de los “nuevos excluidos”. Es decir, hacer parte de las decisiones comunales y públicas a la comunidad LGTBI, los ancianos, los discapacitados y los niños. 6. Ser creativos. Es necesario pensar en alternativas, que recojan y valoren las experiencias exitosas y, a la vez, estén ancladas en un contexto de crisis y en la lógica inmediatista del siglo XXI. ¿se puede? ¿qué mecanismos nuevos existen? ¿internet? ¿redes sociales? ¿discursos emergentes? ¿movilizaciones espontáneas?

El desarrollo en esta propuesta reconoce y cuestiona la existencia de la desigualdad y la inequidad

Más allá de apostar por la permanencia y utilidad del concepto de desarrollo, se plantea la necesidad de reconocer las relaciones de desigualdad estructural a nivel societal. Hay que considerar que, fruto de la lógica de modernización a nivel mundial, e incluyendo cualquier iniciativa local, los resultados del desarrollo continúan expresando relaciones asimétricas de poder, acceso y recursos. Esta situación no puede ser tolerable y se debe plantear su superación. ¿Cómo lo hacemos en nuestros territorios?

La revalorización de la solidaridad y lo comunitario

A pesar de que nos han insistido con el discurso del cambio de época y el triunfo del capitalismo neoliberal, es necesario cuestionar sus postulados, entre ellos; la competitividad feroz y el individualismo posesivo. Entonces, para superar estas propuestas desde lo local, debemos apostar por la solidaridad y lo comunitario, respectivamente. Estos valores, considerados arcaicos para muchos, son claves para repensar el desarrollo y construir alternativas desde lo local, ya que permiten generar sinergias y confianza mutua entre la población y las instituciones. Para empezar, podemos intentar “la articulación de nuestros objetivos individuales con los colectivos”. Es decir, podemos priorizar nuestras metas y la familia, pero abriendo, poco a poco, nuestra perspectiva hacia el vecindario, hacia la comunidad.

El desarrollo es un fin, la utopía social por excelencia:

¿Si el desarrollo es un proceso y una política, como puede ser también un fin? En el continuo repensar el desarrollo, se van creando y recreando distintas visiones de desarrollo, con nuevos objetivos, nuevas apuestas, nuevos desafíos, nuevas o renovadas problemáticas y, sobre todo, nuevas expectativas. Estas expectativas son necesariamente territoriales y culturales. Entonces, al recrearse la idea de desarrollo, también se recrean los fines últimos, llegando a convertirse la idea de desarrollo como el elemento inspirador de la acción pública (social y política).

De esta manera, la idea desarrollo seguirá considerándose, en nuestros países, como fin último de la política pública, como la utopía social por excelencia. La pregunta que cae de madura será la siguiente ¿Hasta cuándo será válida y útil la idea de desarrollo en el discurso contemporáneo?

  1. CONSIDERACIONES FINALES

El desarrollo es un concepto con una carga ideológica muy grande, existe una pugna entre discursos legitimadores, reformistas y revolucionarios. Es decir, entre quienes desean conservar y reproducir el STATUS QUO, entre apuestas correctivas y entre quienes consideramos que otro mundo es posible. Fruto de estas reflexiones y polémicas. se han ido construyendo y deconstruyendo los distintos enfoques de desarrollo hasta la actualidad. Estos enfoques son la expresión de una preocupación histórica por concebir el desarrollo de manera particular. No obstante, la preocupación de este texto no es definir el desarrollo o cuestionar su validez, nuestro objetivo es más sencillo, menos ambicioso, sólo apostamos por poner en debate algunas propuestas para repensar el desarrollo desde lo local, como una propuesta alternativa y/o de resistencia al neoliberalismo.

En esta línea, tomando como base consideraciones históricas y conceptuales, experiencias exitosas y fracasos, nuestra invitación se orienta a repensar el desarrollo constantemente, con una perspectiva crítica, procesal, humanista, holística, anclada en el territorio y en la cultura local. Este ejercicio nos ayudará a recrear la idea y práctica de desarrollo desde lo local, con matices particulares, con nuevos actores y renovadas apuestas.

Por último, creo firmemente en que es necesario repensar el desarrollo desde lo local, no por una deferencia aislada, sino porque en el territorio, en la escala micro, en el espacio lugar, en el mundo de la cotidianidad, es donde los actores sociales (individuales y colectivos) pueden generar procesos relacionales y transformativos, y articularlos, desde abajo, con el ámbito nacional y global.

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[1] Comunidad Urbana Autogestionaria de Villa el salvador.

[2] Inicio funciones en enero de 1984 bajo el liderazgo de su primer alcalde, Michel Azcueta.

[3] Esta cita es una adaptación de una frase del texto “El 18 Brumario de Bonaparte” de Carlos Marx.

Renato Sabogal Silvestre Trabajador Social por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Egresado de la Maestría en gestión pública de la Universidad de San Martín de Porres – EUCIM BUSINESS SCHOOL. Estudios de especialización en diseño de políticas públicas, gestión pública, planificación estratégica, formulación de proyectos, desarrollo económico, participación ciudadana y cooperación descentralizada. Especialista en desarrollo de capacidades, planificación estratégica, gestión pública, fortalecimiento institucional, desarrollo económico y pueblos indígenas de la Amazonía. Experiencia adicional en gestión municipal, interculturalidad, sistematización de proyectos, trabajo infantil, y formación e-learning. Experiencia profesional certificada como coordinador de proyectos, planificador, consultor, facilitador comunitario, capacitador, docente y tutor e-learning. He realizado consultorías para el Ministerio de Economía y Finanzas, Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, Ministerio de Cultura, CEDIA, World Vision, INICAM, CAAP, World Learning, Desarrollo y Autogestión y Derecho Ambiente y Recursos – DAR. Experiencia de capacitación en zonas rurales, especialmente en la Amazonía con varios pueblos indígenas, entre ellos: Shawis, Awajún, Wampis, Nomatsiguengas y Ashaninkas. He publicado dos libros sobre gestión pública y varios módulos de capacitación relacionados con gestión municipal, desarrollo local y planificación estratégica. Actualmente me desempeño como coordinador de proyectos en la Escuela Mayor de Gestión Municipal.

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