¿Por qué Trabajo social Intercultural y Decolonial?

Múltiples son los asuntos que nos preocupan a nivel mundial y local, puesto que de allí, se desprende un sinnúmero de problemáticas sociales. La forma como opera la economía capitalista en bloques, el desempleo estructural, la desigualdad social creciente, la crisis climática, las guerras como estrategia de control territorial y la reprivatización del Estado. Se entremezclan formas de gestión social y se mercantilizan los servicios sociales. Asistimos a la violación de las libertades en un boom de los derechos humanos, sociales, económicos y culturales auspiciados por los organismos internacionales. Asistimos al despliegue de la tecnología sin límites, como también a las ampliaciones de la exclusión social, Se acogen modelos de innovación y de industrialización cultural y se acrecienta la vida urbana, a su vez, la movilización social crece con múltiples formas de protesta y variados reclamos sociales.

Desde hace aproximadamente unas tres décadas, se viene presentando una renovación en el pensamiento crítico latinoamericano y caribeño, debido a la puesta en escena de varios sucesos: la crisis de la modernidad, el capitalismo global en su faz neoliberal, la visibilidad de movimientos en la sociedad con marcado énfasis en la diversidad y la pervivencia de fenómenos sociales de antaño con otros nuevos que, parecen desafiar los bagajes teóricos y explicativos convencionales de las ciencias sociales para dar respuestas y propuestas actuales y pertinentes.

Dentro de este resonar crítico, la opción decolonial se ha venido gestando como corriente crítica de pensamiento, acción y experiencia social con activistas sociales e intelectuales de centros académicos, pero más que nada, comunidades, colectivos y pueblos diversos de Latinoamérica y el Caribe. Así mismo, cada vez y con más fuerza, el pensamiento crítico africano y asiático se acerca, junto con la crítica social europea y norteamericana. Para nada pretende ser una teoría única y explicativa de lo social, sino que es una opción que, se articula con otras perspectivas críticas como la teoría de la dependencia, la filosofía de la liberación, la teoría del sistema mundo moderno, el marxismo, las teorías posmodernas, las poscoloniales y de la subalternidad, la educación popular y la investigación acción participativa, entre otras, con sus cercanías, diferencias y distanciamientos. Esta Opción decolonial ha tenido impacto principalmente en las Ciencias Sociales y en forma reciente en el Trabajo Social. Se cuenta con un grupo de colegas que realizamos, desde muchas geografías, estudios acerca de las diversidades sociales y la interculturalidad, much@s están vinculad@s en movimientos sociales y se está generando investigación y conocimiento desde el Trabajo Social.

Importante resaltar, que la opción decolonial centra sus análisis, en la relación estrecha que existe entre los problemas sociales de nuestro tiempo y los procesos de colonización, por la instauración que se produce de un patrón de poder colonial que, como muy bien lo enfatiza el peruano Aníbal Quijano en toda su obra, se establece en un espacio y mediante relaciones sociales de explotación, dominación y conflicto por el control del trabajo y sus productos; la naturaleza y sus recursos de producción; el sexo, sus productos y la reproducción de la especie; la subjetividad y sus productos materiales e intersubjetivos incluido el conocimiento y; la autoridad y sus instrumentos de coerción para asegurar la reproducción y regulación de ese patrón de poder[1]. Este se configura como matriz colonial del poder, del saber, del ser y de la naturaleza. Emergen así, nudos de problematización relacionados con la modernidad como proyecto civilizatorio y salvacionista, el eurocentrismo, el pensamiento fronterizo, el colonialismo interno, la diferencia colonial y la interculturalidad entre otros. Se avizoran opciones decoloniales de liberación en estos mismos ámbitos existenciales, los cuales, vienen transitando desde la época colonial y están presentes con su propia heterogeneidad en el transcurrir a través de comunidades, colectivos, pueblos, grupos y personas que a través del tiempo han generado otras opciones de vida nombrados como pedagogías decoloniales, feminismos decoloniales, Buenos vivires, Comunalidad, re-existencias, suficiencias intimas, territorios interculturales, etc.

Las ciencias sociales y por ende el Trabajo Social, cumplen un papel muy importante en la pervivencia de la colonialidad y el transitar por la decolonialidad, por ser generadoras de conocimiento, teorías y métodos de intervención. Sí la génesis del Trabajo Social se ubica en la modernidad, entonces, está fuertemente permeada por las instituciones políticas, económicas, sociales y culturales que le son afines. Esto conlleva, a que en su ser identitario profesional y disciplinar existan herencias coloniales que deben ser revisadas, discutidas y ojalá descolonizadas. Justamente, por el impacto en personas, grupos, colectivos, comunidades y pueblos, que tienen otras apuestas de vida y se movilizan desde sus reivindicaciones, diferencias, diversidades y heterogeneidades, para ser partícipes de procesos de transformación y liberación social desde lo más cotidiano.

La opción decolonial fortalece el Trabajo Social porque insta a resignificar su historia, sus epistemologías, metodologías, pedagogías y apuestas éticas. Sugiere atreverse a crear otros vínculos y compromisos conducentes a superar las formas actuales de esclavitud, servidumbre, individualismo y sufrimiento humano. Puede descentrarse del problema social y asumir la vida como principio céntrico de su formación y ejercicio profesional. Por otra parte, el pensamiento crítico latinoamericano y caribeño se enriquece en la crítica social con la opción decolonial. Esta región tiene en estos momentos una oportunidad histórica de aportar al mundo una perspectiva de análisis social que puede fortalecer la teoría social, la investigación y la intervención social. Como se puede apreciar, puede contribuir para que las luchas que hoy adelantan las diversidades no sucumban en la trampa de la interculturalidad funcional (reconocimiento, cooptación, desdibujamiento y autocolonización).

La opción decolonial aprende de los pueblos originarios, afros, del campesinado y de todas las personas que luchan por dignificar su vida. Para nada es un proyecto indigenista o étnico porque la colonialidad nos atraviesa hasta en nuestra diversidad. Más bien, es una perspectiva crítica humanista, política, epistémica y ética de muy larga duración, que requiere desprenderse de los lugares seguros de enunciación y de existencia, para avizorar las propuestas decoloniales siempre presentes, pero no necesariamente en los entornos que acostumbramos frecuentar.

[1] Para referenciar, Aníbal Quijano (2007) Colonialidad del poder y clasificación social. En: Santiago Castro-Gómez y Ramón Grosfoguel (Ed.). El giro decolonial: reflexiones para una diversidad epistémica más allá del capitalismo global. (93-126) Bogotá, Colombia: Siglo del hombre editores, Universidad Central y Pontifica Universidad Javeriana.

DRA. ESPERANZA GÓMEZ-HERNÁNDEZ
Trabajadora Social, profesora titular del departamento de Trabajo Social de la Universidad de Antioquia. Doctora en Estudios Interculturales. Temas de trabajo e investigación relacionados con la planeación participativa, el desarrollo, la diversidad social y la interculturalidad. Vinculada en el Grupo de investigación en Estudios Interculturales y decoloniales.

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